=Preparativos para la Batalla de Puerto Argentino =Otras actividades operacionales =La Compañía de Comandos 602 en el Monte Dos Hermanas =Subteniente Llambías Pravaz en Monte Dos Hermanas =Teniente primero Stel =Operaciones aéreas de la Fuerza Aérea Sur del 9 de junio =Los ataques a la zona Fitz Roy =Ataques de artillería terrestre y naval =Repliegue de helicópteros al continente =Daños a un Harrier GR.3 =Hoy finalizaban los vuelos secretos argentinos para buscar armamento en Israel y Libia =Comunicados del Estado Mayor Conjunto
Preparativos para la Batalla de Puerto Argentino
El Gobernador Militar y Comandante de las Fuerzas Argentinas en Malvinas dispone que su Jefe de Estado Mayor se traslade al continente junto al coronel Francisco Cervo (Jefe de Inteligencia) y el coronel Isidro Cáceres (Jefe de Operaciones) y exponga, en su nombre, la evaluación de la situación, su probable evolución, los lineamientos de un plan táctico enmarcado en una maniobra estratégica operacional y solicite algunos efectos que se necesitan con urgencia (como, por ejemplo: elementos de vestuario, víveres, repuestos, combustible, munición de armas antitanque de corto alcance y de Artillería).

El Comandante de las Fuerzas en Malvinas entiende que el estado anímico del personal, en vísperas de la batalla decisiva, es bueno. Estima que el enemigo completará su apresto para la batalla decisiva y ejecutará su ataque alrededor del día 12 de junio con centro de gravedad desde el Oeste y solicita conocer los planes o previsiones realizados para emplear todo el poder aéreo y naval disponible en vísperas de la batalla decisiva.
El plan táctico propuesto por él concibe pasar a la ofensiva en la zona de combate de Malvinas e incluye:
- Ejecutar operaciones de infiltración de comandos en los sectores de Darwin y la cabeza de playa establecida por los británicos en San Carlos.
- Atacar a las fuerzas británicas en Darwin desde el Oeste con el Regimiento de Infantería 8.
- Atacar la cabeza de playa en San Carlos con el Regimiento de Infantería 5 y una Fuerza de Tarea perteneciente a la IVta Brigada Aerotransportada.
La ejecución de este plan táctico requiere la ejecución de una maniobra estratégica operacional que demanda un esfuerzo por parte de la Armada y de la Fuerza Aérea argentinas que debe:
- Obtener la superioridad aérea local y mantenerla durante la ejecución de la operación táctica de las fuerzas de Malvinas.
- Obtener el dominio naval del Estrecho de San Carlos.
- Incluir el bombardeo naval de las bases enemigas de Darwin y San Carlos.
- Asegurar el movimiento marítimo del Regimiento de Infantería 5 utilizando el transporte Montsunen que, durante la administración británica navegaba conectando las poblaciones costeras.
- Asegurar el movimiento marítimo del Regimiento de Infantería 8 por medio del ARA Bahia Buen Suceso que pese a haber sido averiado como consecuencia de un ataque aéreo británico está en condiciones de operar en Bahía Fox.
- Asegurar el transporte, escolta y apoyo aéreo cercano para la operación de la Fuerza de Tareas Aerotransportada desde el Continente.
La comisión integrada por el general Daher y por los coroneles Cervo y Cáceres viaja al Continente a las 23,30 horas del 08 de junio.
El general Daher efectúa su exposición el día 09 de junio de 1982 a las 10,30 horas (ante los integrantes del CEOPECON) y la renueva entre las 17,00 y las 19,00 horas de ese mismo día ante el Comandante en Jefe del Ejército en Buenos Aires.

Ese mismo día, por la mañana, aviones Harrier bombardean las posiciones del Batallón de Infantería de Marina 5 y del Regimiento de Infantería 6 empleando bombas tipo “Beluga”.
Se producen encuentros de patrullas de exploración al Oeste de Harriet y Longdon.
La artillería argentina bate durante todo el día blancos referidos por las fuerzas de primera línea haciendo impacto sobre una posición ubicada en Monte Challenger dispersando al personal y obligándolos a cambiar la posición de las piezas (lo que se efectúa con helicópteros).

Mientras tanto, la artillería enemiga bate todo el día, con fuego intermitente, las posiciones del Regimiento de Infantería 4 y del Regimiento de Infantería 7.
Se requiere un ataque aéreo sobre Monte Kent y Estancia House que no puede ser satisfecho por la Fuerza Aérea Argentina.
El enemigo desarrolla intensa actividad con sus helicópteros en la zona de Bahía Agradable desde los buques incendiados hacia la costa. Esta actividad no puede ser contrarrestada con los medios disponibles en Malvinas.

A la tarde, se producen dos nuevos ataques de la Fuerza Aérea Argentina sobre la cabeza de playa enemiga que se ha formado en Fitz Roy pero no pueden apreciarse sus efectos.

Al día siguiente, 10 de junio de 1982, aviones enemigos bombardean posiciones del Batallón de Infantería de Marina 5 y del Regimiento de Infantería 7 por la mañana en varias oportunidades mientras los morteros y la Artillería de campaña lo hacen con las posiciones del Regimiento de Infantería 4.
A su vez, la Fuerza Aérea Argentina lanza máquinas para bombardear posiciones inglesas en Monte Kent a fin de satisfacer los requerimientos del Comando Conjunto de Malvinas, acción que debe suspenderse por la presencia de un buque en el corredor de aproximación de las aeronaves.
El CEOPECON concluye que la operación proyectada por el Comandante de las Fuerzas Conjuntas en Malvinas es poco factible y que no es aceptable porque no va a afectar sensiblemente el poder del enemigo y tiene muchas posibilidades de ocasionar la pérdida de parte de los componentes aéreo y naval que se van a necesitar en una hipotética batalla decisiva futura. Esto último induce a pensar que los miembros de este organismo piensan -en una forma no expresada y en algún momento no indicado- ejecutar una maniobra estratégica operacional de su competencia cuyos resultados serán decisivos.
El Comandante en Jefe del Ejército argentino tampoco aprueba el plan táctico propuesto por el Comandante de las Fuerzas Conjuntas de las Islas Malvinas porque aprecia que los británicos no efectuarán el ataque final contra Puerto Argentino antes del 20 de junio de 1982 basándose en el fracaso del desembarco intentado por los británicos en Bahía Agradable.
Durante la tarde se produce un nuevo ataque aéreo inglés sobre el Regimiento de Infantería 25 y el aeropuerto.
Otras actividades operacionales
Como resultado de la información provista por observadores adelantados argentinos se pudo detectar el desplazamiento de una patrulla de los Servicios Especiales Británicos que se acercaba a las posiciones argentinas con la misión de exploración y reconocimiento aprovechando ciertos accidentes del terreno que le proporcionaban cobertura para ocultar su movimiento.
Esto ocurría en proximidades de las posiciones del Regimiento de Infantería 4, razón por la cual el día anterior se había instalado una emboscada a cargo de la Compañía de Comandos 602 en el sector occidental de la posición del Regimiento. Este hecho no pudo concretarse dado que el enemigo pasó fuera del alcance efectivo de las armas propias.
En la noche del día de hoy, con el refuerzo de tropas especiales de Gendarmería Nacional, se instaló nuevamente la emboscada. En la fría y cerrada noche, el jefe de la fracción toma conocimiento de la aproximación del enemigo, sin tener oportunidad de alertar al resto de la Subunidad.
Una inesperada explosión interrumpe la sorpresa y se desata el enfrentamiento entre las fuerzas especiales.

Cuatro soldados británicos atacan a dos comandos argentinos que se encontraban con una ametralladora, para ellos era vital neutralizarla por el daño que les estaba causando. Un certero disparo con un arma antitanque del enemigo hace impacto sobre el arma y el cuerpo del suboficial, que la operaba provocando su muerte, resultando herido el oficial que se encontraba a su lado. El enemigo se aproxima y ejecuta un tiro de gracia sobre el oficial, donde aparece la mano de Dios para salvarle la vida, al retener en la cuenta del rosario que llevaba en su cuello, el proyectil disparado a corta distancia.
El enemigo lo dio por muerto y comenzó a retirarse. El Oficial argentino pese a sus heridas, se reincorpora y logra batir a los cuatro ingleses.
En forma inmediata el fuego de las fracciones se desató en forma intensa, produciéndose el repliegue de la fracción enemiga llevando con ellos sus muertos y heridos.
Como resultado del enfrentamiento los comandos argentinos sufrieron cuatro bajas, dos muertos y dos heridos. El enemigo, acusó treinta y tres bajas, dieciocho muertos y el resto heridos.
Los caídos en combate fueron el Sargento del Ejército Cisneros y el Sargento de Gendarmería Acosta.
La Compañía de Comandos 602 en el Monte Dos Hermanas

El mayor Aldo Rico de la Compañía Comando 602 veía que el incontenible avance británico no dejaba dudas sobre el resultado del conflicto. A diferencia de los ingleses, conducidos por helicópteros y relevados por elementos frescos, el descanso de los comandos era breve. Este sacrificio se reiteraba pese al desgaste de los hombres. Sostenidos por su fuerte espíritu, alentados por su fe religiosa y estimulado por el ejemplo personal dado por sus jefes, estos comandos salían no obstantes a llenar el deber que el honor militar les dedicaba.
Se alisto toda la compañía de comandos 602, contando con 30 hombres aptos, para recoger información. En dos Land Rover fueron conducidos de día, pero en medio de una niebla espantosa, hasta las alturas del teniente coronel Soria, jefe del RI4. a partir del cual tampoco se veía, que uno de los dos escalones en que estaba dividida -el conducido por el capitán Eduardo Villarruel- se separó del mayor Rico y no pudo ser vuelto a encontrar. Este último prosiguió con solo la mitad de sus efectivos.

Llegaron hasta las estribaciones del cerro Dos Hermanas (Two Sisters), donde se hallaba el subteniente Marcelo Alberto Llambias -“un chiquito barbudo y sucio” lo recuerda Rico – este había sido graduado prematuramente del Colegio Militar de la Nación, para marchar a Malvinas, tras cuya campaña recibiría la medalla de la Nación al Valor en Combate.
Llambias era la punta adelantada de su unidad, y estaba sobre una elevación rocosa con veinte soldados y media docena de cabos en comisión: no obstante lo bisoño de todos estos efectivos, peleaban constantemente contra ingleses que trataban de infiltrarse para conocer el dispositivo propio. Dos días antes había combatido encima de su posición, con una patrulla enemiga que mató a dos de sus soldados.
Delante de esas posiciones del RI4 se eligió un lugar apropiado para montar una emboscada, ante los datos otorgados por el subteniente Llambias acerca de la frecuencia de los desplazamientos británicos: una “proa” de la elevación, alargada sobre la llanura “como cola de dinosaurio “. Más atrás, el Monte Harriert. Los ingleses procuraron infiltrarse también esa noche y escuchaban ruidos de combate proveniente de la zona. Rechazados retornaron, por donde estaban los comandos ubicados.

En un costado de la posición se hallaba el sargento Mario Cisnero como apuntador de una ametralladora, asistido por el teniente primero Guglielmone, bajo la órden del capitán Tomás Fernández. Era una noche clara y el “perro” Cisnero alcanzó a divisar una columna enemiga que se replegaba: hizo señas con el brazo al capitán Fernández y este trató de ubicarlos pero no los vio desde su lugar. El sargento Cisnero preguntó a Fernández:
– ¿Les abro fuego?
– No, no abra fuego.
El capitán pensó que a esa distancia – setecientos u ochocientos metros- no era rentable si no cabía la posibilidad de ponerlos fuera de acción, delatando su presencia. Poco después el mayor Rico ordenó el repliegue, para entrar en las líneas propias con las primeras luces y no ser ubicados por los ingleses, porque había resuelto volver al día siguiente: ya conocía el terreno y no había sido sentido.
A fin de lograr mayor efecto en su ataque, el jefe de la compañía de comandos 602 planeo repetir la modalidad

inédita en operaciones de comandos cual era procurarse el apoyo de artillería que tan buenos resultados les diera en al posesionarse de Monte Wall. Para eso coordino con el teniente coronel Martín Balsa una serie de círculos numerados en las cartas geográficas que tenían ambos, indicando lugares para ser batidos “a pedido” El teniente primero Enrique Stel cumpliría su habitual cometido de servir de enlace entre los Comandos y el Grupo 3, para lo cual fue conducido hasta Monte Harriet junto con el cabo Luis Tossi, quien no era Comando, estaba destinado como furrier de la Compañía.
Ante la seguridad de enfrentamiento, se reforzó a la disminuida Compañía de Comandos con una sección de Gendarmería, de alrededor una docena de hombres, mandada por el comandante Miguel Santo.
Por la tarde del miércoles 9 de junio aproximadamente a las 16 Hs. el capitán de la Serna, oficial de Logística de la Ca 602, condujo el Jeep al equipo de comunicaciones, Stel y Tossi, para dejarlos en cercanía del Monte Harriet en cuya cumbre debían instalarse. “Fue un día de cielo despejado” recuerda Stel “pero el Monte Harriet no se veía por el intenso fuego de Artillería inglesa, naval y de campaña que recibía: era una gran nube de polvo que rodeaba el cerro. De la Serna nos dejó a la altura del Batallón de Infantería de Marina 5 para no poner en peligro el vehículo, uno de los pocos que teníamos”. y a saltos, tomamos cubierta aprovechando la pausa de fuego, comenzaron a subir el Harriet por su parte posterior.
Llegado por su parte los Comandos y los Gendarmes a inmediaciones del Dos Hermanas, el mayor Rico mandó durante el crepúsculo una exploración a cargo del capitán Andrés Ferrero con su sección, a la cual se incorporó el teniente primero Daniel Oneto, sin que se produciría novedad alguna. Ya oscuro llegó el grueso de los comandos, y a eso de las nueve de la noche se montó la emboscada.
El dispositivo de ataque fue el siguiente:
-Abajo del Monte en la punta de la saliente rocosa, un escalón de apoyo con una ametralladora, compuesta por el sargento Cisnero como apuntador el teniente primero Vizcoso como auxiliar.
-Más arriba. El mayor Rico acompañado por el capitán Ferrero.

-Cerca de ellos, más abajo a la derecha. Otra ametralladora manejada por el teniente primero Enrique Rivas y como auxiliar el sargento primero Miguel Franco.
El escalón asalto propiamente dicho estaba dividido en dos fracciones. Situadas en el bajo a ambos costados:
-El capitán Tomas Fernández con su sección a la derecha
-El segundo comandante Santo con los Gendarmes y otra ametralladora a la izquierda. Provistos varios hombres a cada lado con granadas de fusil.
-El capitán medico Ranieri, situado detrás de Rico, por cierto, armado con un fusil para caza mayor.
-Finalmente, a ciento cincuenta metros más elevados se hallaba el escalón protección y recibimiento a órdenes del capitán Villarruel.
-Sobre el tropa del RI4 mandada por el subteniente Llambias con ametralladora.
Y comenzó la espera. El intenso frío se acentuaba por la inmovilidad forzada y el silencio completo; espalda contra espaldas las parejas observaban sus sectores con los visores nocturnos de doscientos metros de alcance.
No había intranquilidad en la posición argentina dado que todos ya habían pasado por el bautismo de fuego. En la punta avanzada el teniente primero Vizoso y el sargento Chismeros, mojados por el clima húmedo, compartían un caramelo y un pedazo de chocolate mientras trataban de perforar la oscuridad. Eran las dos de la mañana cuando el teniente primero Rivas diviso una columna de ingleses que provenían de la derecha y paso delante suyo. Se corrió hasta arriba y advirtió al Mayor Rico.
– ¿Y por qué no les disparaste?
– Pensé que no debía hasta que viniera más gente.
Rico lo mando de nuevo a atender a su ametralladora y llamo al capitán Ferrero para que alertara a los dos elementos adelantados. El propio Ferraro había alcanzado a distinguir a un soldado enemigo cuando se perdió en la pared rocosa de enfrente.
Antes que llegasen a abajo una explosión quebró el silencio. Los británicos habían tomado la ofensiva y atacaron a quienes esperaban sorprenderlos.

Aunque los cálculos varían, puede estimarse el número de aquellos entre dieciocho y treinta hombres, superior a las fuerzas argentinas. Como luego pudo saberse, eran miembros del Special Air Service (SAS). Sin dudas, habían notado los desplazamientos en torno al puesto de mando, dado a sus más potentes anteojos nocturnos.

Cuando los soldados ingleses avanzaron rápidamente hacia la punta baja ocupada por los argentinos, y rompieron fuego con un lanzacohetes. La granada reventó contra el cuerpo del Perro Cisnero, matándolo en el acto y destrozando su ametralladora, que disparo por el impacto algunos tiros. El teniente primero Vizoso fue arrojado hacia adelante, por la explosión, con cinco heridas en la cabeza producidas por las esquirlas, perdiendo mucha sangre y arrojando su fusil.
Reaccionando de la sorpresa paralizante, el oficial en forma instintiva busco la MAG, el arma más importante, pero comprobó que estaba inutilizada. Oyo en ese momento un cuchicheo en inglés y pensó” Estoy perdido “como se había planteado una situación similar se hizo el muerto. Pero los británicos viendo sus movimientos avanzaron para rematar a los dos comandos: encima de ellos soltaron sendas ráfagas contra ambos cuerpos caídos.
Más arriba, desesperado e ignorando lo ocurrido, el mayor Rico llamaba a voces al Perro, y un inglés lo remedaba brumosamente:
–¡Cisner,ou Cisnerou!
Vizoso no estaba muerto: el soldado enemigo que había intentado rematarlo le disparo con el fusil en automático, a muy corta distancia y el retroceso del arma torno impreciso los disparos. Solo la primera bala alcanzó al militar argentino: recibiendo una bala trazadora que en vez de hacer una hemorragia la inhibió y cauterizo la herida, teniendo la suerte además de no haber tocado partes vitales.
Le entró por el hombro derecho y le recorrió toda la espalda desgarrando la carne, a nivel de los músculos, en el oblicuo ascendente hasta el cuello y quedando el proyectil fundido con una de las cuentas del Rosario en su cuello. Lo que impidió tocar la columna vertebral, la arteria cava y la carótida. El oficial de Comandos no había perdido tampoco el conocimiento, y sentía como las balas levantaban piedras que rebotaban en su cara, mientas él se mantenía quieto.
Cuando quienes le disparaba, tan cerca que sus zapatos le tocaban, le dio una gran patada para ponerlo boca arriba. Vizoso quedó con los ojos abiertos, como había visto que estaba Cisnero muerto, “con mucha rabia” por el golpe recibido.

Los ingleses cambiaron impresiones entre ellos; se oía a Rico gritar el nombre del suboficial. Vizoso “ni respiraba”. Al comenzar a responder el fuego los Comandos Argentinos, los atacantes dieron la vuelta y comenzaron a retirarse hacia sus posiciones, no pudiendo disparar desde ese tramo inferior de la pendiente.
El teniente primero Vizoso había distinguido donde estaba su Fal. Cuando los enemigos comenzaron a bajar, lo tomo, se paró, y desde la cadera les tiro un cargador completo en automático. La fila de los ingleses se desplomo, alcanzados y atravesados por las balas: Vizoso creyó que se habían tirado cuerpo a tierra, por lo cual cambio de cargador y les tiro otro, esta vez en repetición.
Posiblemente los cuatro hayan sido muertos. Al concluir el cargador, el oficial sintió recién la quemadura “espantosa” que lo conmovió: se tocó la cabeza y sintió la sangre caliente que corría por la espalda y el pecho “Estoy hecho un colador” pensó, sin explicarse como seguía parado. En realidad solo fue un disparo, que al ser trazante, el fósforo quemo la carne y la cauterizo, impidiendo así la hemorragia.

El proyectil con la cuenta de plástico fundida al acero
Todo lo relatado fue en corto tiempo: El oficial herido informo a Rico de lo ocurrido, mientras el fuego se desataba por ambos lados, y el anuncio:
-Mi Mayor, voy a hacer un cambio de posición en su dirección. Puedo replegarme solo respondió.-ante la pregunta de su jefe. Llegado al centro de la posición fue enviado a donde estaba el médico, para que lo revisara.
El fuego británico era tremendo, muy denso, con ametralladoras, granadas y fusiles. En la oscuridad solo se veían las bocas de fuego “Parece que tira toda Inglaterra” pensó el capitán medico Raineri. El capitán Fernández noto desde la izquierda como un soldado enemigo se adelantó con un fumígeno para cubrir de humo las posiciones británicas y poder esconderse.
Los Comandos Argentinos, pese a encontrarse ante una impresionante concentración de fuego, respondieron también con gran violencia, apuntando contra las bocas de fuego enemigas y descargando sus armas.

Fue un encuentro sumamente duro, producto de una circunstancia sin igual, que es un choque entre patrullas de Comandos.
Normalmente estas operan contra unidades convencionales, dentro del dispositivo enemigo, pero no entre sí, como ocurrió en esta ocasión; y fue tan duro el enfrentamiento, que ambas partes creyeron vérselas contra efectivos superiores a los que realmente eran. Posiblemente los británicos habrían pensado que se enfrentaron contra todo el RI4; y también los Comandos imaginaron combatir con la avanzada de alguna unidad o de esta en pleno “porque no sabíamos cuando iba a ser el día D”, como lo explica el capitán Ferrero.
Todos los escalones argentinos peleaban, y el ejemplo de valor y serenidad ofrecido por sus jefes en medio del volumen de fuego inglés influía seguridad a sus hombres. “El mayor nos daba mucho ánimo” relataba el sargento primero Orlando Aguirre; y redondea el capitán Villarruel: “En la emergencia se complica todo y el golpe de fuego inicial lo tuvieron los ingleses, pero uno de los principales méritos de Rico en este combate es haber impulsado a la gente, haberla sacado de la sorpresa.
Subteniente Llambías Pravaz en Monte Dos Hermanas
La agresividad de los Comandos argentinos no disminuyó. Toda la línea hacia fuego contra el SAS y desde atrás y en lo alto eran apoyados por la ametralladora del RI4 con el cual el subteniente Llambias trataba de intervenir con más efecto intimidatorio que efectiva precisión. El jefe de la Compañía disparaba entusiasmado, cargador tras cargador y el teniente primero Lauria, a su lado creyó necesario advertirle:
–Mi mayor, se va a quedar sin munición.
Ambos gritaban arrodillados contra una piedra grande. Lauria había quedado con un trauma desde el anterior combate en Monte Kent: no haber podido entender las ordenes inglesas y se dispuso a perturbarlos a su vez, diciéndoles cualquier cosa, desde invitar a los ingleses para “reventarlos” hasta referirse muy al Primera Ministro Margaret Thatcher. Rico se expresaba en inglés:
–Son of a bitch! (aludiendo sobre la madre de los ingleses)
Los dos en un momento se quedaron mirándose cara a cara: un cohete había pasado entre ellos,

quienes automáticamente ambos giraron la cara al sentirlo pasar. “Nos echamos a reír – relataba _Rico – no se piensa en el riesgo”. También el frío se olvida.
Arriba de ellos cayó una concentración de morteros británicos, que desde unos quinientos metros a la derecha se fue corriendo hasta dar prácticamente encima del escalón protección al mando del capitán Villarruel. En un radio de diez metros, que rayando entre lo milagroso no produjo bajas, aunque los tapo de tierra. Las dos ametralladoras inglesas hacían fuego cruzado desde la izquierda y derecha, para mantener en sus posiciones a los argentinos, no obstante el tiroteo seguía: era ver quien cedía primero.
Lauria tiraba granadas de fusil PDF, lo mismo hacia el sargento primero Oviedo “a punto” -directamente hacia el enemigo. y veía caer sus proyectiles donde estaba este guarnecido.
Detrás y encima el doctor Ranieri empleaba su Weatherby 300 Magnum, con intensa dedicación, hasta que llego arrastrándose Vizoso.
– ¿Cómo estoy, “tordo”, cómo esta esto?
El medico reviso rápidamente la herida, palpándola con la mano en la espalda y el cuello, la confunde con una esquirla y le dijo lo que posiblemente aquel deseaba escuchar:
–Macho tenés un agujero grande, pero agarra el fusil y seguí dando porque acá hay que tirar. “Vi un tipo que estaba como a 40 o 50 metros de mi posición”, me refería Vizoso “que disparaba contra la sombra de la roca donde yo estaba con trazantes; bien instruido y bien entrenado. Yo me asomé por sobre la roca y tire a la dirección de sus disparos y fue silenciado”.

No cesaban tampoco los Comandos británicos. Me expresaba el capitán Villarruel: “Note la superioridad del intenso fuego inglés: las balas no me dejaban mover, por un momento pensé que seriamos sobrepasados”. Por su parte el capitán Ferrero relato: “Me acuerdo que ordené a Lauria y Aguirre que tiraran sobre una ametralladora que nos disparaba y vimos como explotaba y notamos como nuestro fuego daba resultado, dado que el enemigo comenzaba a disminuir el suyo”. El feroz choque proseguía: ” Veíamos nuestros fogonazos donde estaban las ametralladoras de los ingleses” rememoraba el sargento primero Aguirre; “parecía que iba a borrar el cerro por las fuertes explosiones”.

El mayor Rico se critica a sí mismo: “Realmente, el que conduce un elemento tendría que ir desarmado, porque automáticamente a uno le atrae el combate y deja de conducir, hasta que se sitúa bien y reacciona y se da cuenta de lo que tiene que hacer”. Desde luego, combatió también con el mando: sus intrusiones a los capitanes Ferrero y Fernández para maniobrar y a los apuntadores de ametralladoras y lanzagranadas, eran constantes. Rico ordenó al teniente primero Rivas que se replegaran a la par del, porque temía que fueran envueltos sin la protección adelantada que hubiera brindado Vizoso y Cisnero; y éste retrocedió con el sargento Franco y la MAG que manejaban.

Por mala interpretación de esta orden, la sección de Gendarmería se retiró prematuramente muy hacia atrás; y durante su movimiento recibió fuego directo de un bazooka descartable británico, muriendo el bravo sargento Ramón Acosta y resultando herido otro suboficial de Gendarmería.
El flanco derecho quedaba descubierto. Rivas tiró con su ametralladora en su nuevo emplazamiento hasta que se quedó sin munición, para cerrarlo; y al querer colocar una nueva cinta, se enteró que su abastecedor había dejado las bandas de repuesto abandonadas, aturdido bajo los efectos del shock de combate… Con el sargento primero Oviedo quedaron ambos protegidos en ese costado, hasta que aquel reaccionó y se sumó al esfuerzo.

Desde el Monte Kent comenzó a tirar la artillería británica de campaña y frente a las posiciones argentinas comenzaron a oírse voces de mando en inglés: – Come here” Come here” ( ¡vengan acá!)
El jefe del SAS llamaba a sus hombres y el fuego enemigo comenzaba a disminuir, señal de que empezaban a retirarse, bajo la protección de su artillería.
El mayor Rico temió que su Compañía fuera blanco de las descargas y dispuso a su vez el repliegue de la secciones de Fernández y Ferrero; pero no para abandonar el terreno o para dejar escapar al enemigo: era la coacción de que entrara en apoyó la propia artillería, conforme a lo planeado el día anterior “Antes de abandonar la posición” me expresó el capitán Ferrero, “el mayor Rico ordenó que me acercara donde estaba Acosta para ver si lo podía traer; era un hombre excelente, Había sido instructor mío y tenía una formación profesional muy buena. Había quedado incrustado en una roca. Me fui arrastrando y le toqué la cabeza: estaba helado. Lo zamarree y no sentía nada. Me volví e informe”.
Algunos hombres quisieron rescatar a Cisnero para llevarlo:
–No , no vale la pena– respondió Rico pese al cariño que le tenía. Prefirió sacar a su gente sin que corriera peligro. Pero quien se mostró dispuesto a abandonar el campo tan duramente mantenido: el teniente primero Lauria:
–¡Mi mayor, como nos vamos a replegar!– le dijo excitado- ¡Los hemos molido a patadas a los ingleses! ¡Hay que hacer una persecución y aniquilarlos!. Rico lo puso en su lugar a gritos “Casi me pega una trompada” recuerda Lauria; y no solo frenó a su impetuoso oficial, sino que además lo puso a cargo de la retirada en ese sector. Quedaron cubriendo el retroceso el propio Rico y los capitanes Ferrero y Fernández Funes y Ranieri, el último de los cuales lanzó el desafiante lema:
–¡Dios y Patria o Muerte!
Mientras el jefe de la 602 comenzaba a guiar el fuego de la artillería de campaña por radio, el teniente primero Lauria, nada convencido de la oportunidad del repliegue, estaba dispuesto a desobedecer las órdenes de su superior y perseguir a los británicos en su retirada, al tiempo que recogería el cuerpo del Perro Cisnero para que no quedara tirado. Comunico su propuesta a los ocho hombres que tenía a su cargo:
–Señores: mi intención es contraatacar y vamos a hacerlo. Antes que eso, un recuento de municiones.
Rivas, Maqueda y los suboficiales no contestaron nada. Pero la cuenta de proyectiles dio un resultado de cinco o seis tiros por hombre: como es propio de una acción nocturna, esa fracción había consumido los cargadores en ese encuentro a corta distancia, frente a un enemigo que usó una gran cadencia de fuego. En cuanto a Lauria, había tirado mucho con lanzagranadas PDF y en sus cinco cargadores le quedaban setenta u ochenta tiros. Más la persecución era imposible, Rico tenía razón reconoció.

Teniente primero Stel

El mayor Rico pidió por intermedio del teniente primero Stel, el apoyo de la artillería convenido con el teniente coronel Balza, sobre “Charlie 101” que era el lugar programado en la noche anterior. Para evitar que el enemigo pudiera zafar indicó a su operador que el fuego sería “a comando”, o sea siguiendo las indicaciones del apuntador, no cuando la batería esta lista y tira sobre el blanco prefijado. Aunque los artilleros son pocos proclives a emplear esta modalidad cuando se trata de gente que no es del arma, llego la conformidad a esta excepción transmitida por Stel:
– Dice que porque es usted lo va a mandar.
Las explosiones comenzaron a caer y Rico principio a reglar las concentraciones, trayéndola cerca de donde ellos permanecían y luego alargándolas conforme al rumbo del repliegue del SAS . Fue un manejo muy preciso y una innovación en la táctica de los Comandos, además de riesgosa; pero en esta ocasión el resultado fue efectivo. Naturalmente se utilizaban palabras claves, conforme con un código propio para evitar identificaciones del enemigo.
En un momento el jefe del Grupo de Artillería 3 comprobó sobre los datos de tiro que se solicitaba el fuego casi sobre los propios Comandos argentinos, y con nerviosismo interrogó al Ñato:
– ¿Querés merca en testa? (¿Lo quieren sobre Ustedes?)
– ¡Si flaco, y rapidito! Tengo una suprema para Usted.
Al rato prosiguieron las órdenes:
– Más merca. ¡Más merca! Así hasta la indicación final de cesar al fuego:
– ¿Corten?

De este modo con precisión matemática, la fuerza británica fue perseguida por la artillería argentina hasta los cuatrocientos metros, cuando ya no se oía más de ella. Se hizo de nuevo un silencio total y Rico se replegó con su pequeño grupo hacia la estación recibimiento donde lo esperaba el capitán Villarruel. Relata éste “Yo había observado este combate con mucho detalle porque me encontraba- por decirlo así- en la platea, cincuenta o cien metros atrás, en la parte más elevada, y lo había presenciado con mucho detalle, inclusive viendo como reaccionaba nuestra gente y como atacaba el enemigo. Yo creo que el mérito más importante de este combate “concluye Villarruel, “es haber tenido un jefe de las agallas de Rico, porque ahí se vió lo que tantas veces de dice: el ejemplo personal, el arrojo, y la precisión como supo guiar el fuego de artillería”.
Silencio, mezcla con euforia por la sensación de haberse impuesto un adversario tan fuerte, y el tremendo cansancio que se sentía después de cada combate, pues el relajarse después de tanta tensión acumulada tenía un efecto agotador, sobre los hombres, que quedaban exhaustos.
Empezaba a caer la bruma y con ello los comandos iniciaron su repliegue a pie, pues de noche los helicópteros argentinos no operaban por falta de instrumental.

“La vuelta fue silenciosa- relataba Fernández – por los muertos queridos que empezaban a actuar, los primeros conocidos, porque de los anteriores no teníamos certeza”. Compensaba esa perdida la satisfacción por el propio desempeño de la Compañía, no obstante que sus integrantes no tuvieron prácticamente un buen descanso previo, lo que constataba con las tropas británicas a quienes pelearon, fresca. excelentemente armados y con eficaz apoyo técnico: por radiolocalización, por ejemplo, los buques de la Royal Navy inmediatamente interferían las comunicaciones argentinas y ubicaban su posición, mediante sistemas muy sofisticados y precisos.
¿Cuántas bajas sufrieron las secciones del SAS a manos de la Compañía de Comandos 602? Hasta que no se posean datos fehacientes será difícil determinarlo con precisión, pero sin duda su número debió ser elevado, por fuerza, dada la violencia del enfrentamiento entre Comandos, y el fuego de artillería argentina. El teniente primero Lauria refirió haber visto una película de la BBC compaginada inmediatamente después de concluído el conflicto, sin retacear informe, y que en la misma hacía alusión al combate diciendo que las bajas inglesas sumaban treinta y tres, cifra que comprende muertos y heridos.
Fuente: http://comandomalvinas.blogspot.com.ar/
Operaciones aéreas de la Fuerza Aérea Sur del 9 de junio
Sin duda los ataques de la FAS en Bahía Agradable, causaron un trastorno en el plan enemigo para capturar Puerto Argentino. La FAS esperaba que las fuerzas terrestres argentinas, en las islas, hicieran una maniobra de infantería que aprovechara esta nueva situación creada. Pero no fue así, esas fuerzas no podían ya intentar un avance en la zona. Con más efectividad la artillería hostigó Estancia House y The Lagoon, lo que evitó el avance enemigo dispersando algunas formaciones. Si bien el enemigo había sufrido un golpe aéreo, en el terreno operaba con tranquilidad y reagrupaba sus fuerzas.
Quedaba nuevamente a cargo de la FAS mantener el ataque a esa zona. Allí dirigió su empeño con los medios disponibles. Tampoco descuidó las operaciones de interdicción, para lo cual mantuvo en ejecución de exploración y reconocimiento lejanos a una sección de Canberra MK-62 en Mar del Plata y otra en Río Gallegos, pues tenía indicios de la posibilidad que ingresaran buques de apoyo a la Task Force.
Las operaciones de ataque de la Fuerza Aérea Sur
Hercules KC-130, matrícula TC-69, indicativo “Cierto 2”. Tripulación: Vicecomodoro Roberto Noé, Mayor Roberto Briend, Capitán Osvaldo Bilmezis, SM Juan Cufré, CP Carlos Golier, SAux Héctor Sosa, SAux Juan Marnoni, SP Roberto Caravaca. Punto de reabastecimiento 52º 30′ S / 65º 00’O. Despegó de Río Gallegos a las 13,15 hs. Reabasteció a dos A-4B Skyhawk indicativo “Pitón”, y a los A-4C Skyhawk indicativo “Cobra”. A estos últimos, “Cobra” 1 y 2, al regreso los trajo enganchados hasta la vista de San Julián, por pérdida de combustible. Arribó a Río Gallegos, a las 17,25 hs.
Hercules KC-130, matrícula TC-70, indicativo “Cierto 1”. indicativo “Cierto 1”. Tripulación: Vicecomodoro Eduardo Pesanna, primer teniente Gerardo Vaccaro, Mayor Eduardo Gómez, CP Mario Cemino, CP Francisco Martínez, SAux Oscar Ardizzoni y SAux Mario Amengual. Despegó de Río Gallegos, a las 13,10 hs. No efectuó reabastecimiento y regresó a Comodoro Rivadavia; arribó 18,00 hs.

Los ataques a la zona Fitz Roy
Tres A-4B Skyhawk, indicativo “Pitón”, armado con tres bombas retardadas por paracaídas. Misión: ataque a buques en Bahía Agradable, al sur del establecimiento Fitz Roy. Tripulación: primer teniente Oscar Berrier, (C-212), Alf Guillermo Dellepiane, (C-230), Ten Omar Gelardi, (C-227). Despegaron de Río Gallegos a las 13,57 hs; arribaron a las 17,15 hs.
Tres A-4C Skyhawk, indicativo “Cobra”, armado con tres bombas retardadas por paracaídas. Misión: mismo objetivo que la misión anterior. Tripulación: Capitán Eduardo Almoño (C-302), Alf Guillermo Martínez (C-314), primer teniente Normando Costantino (a poco del despegue regresó por fallas en el VHF) y Alf Gerardo Isaac (C-322). Despegaron de San Julián, entre las 14,00 y 14,30 hs; arribaron entre las 16,00 y las17,00 hs.

Las escuadrillas reabastecieron del “Cierto 2” en el punto previsto. Por inconvenientes en el trasvase de combustible regresó el “Cobra 2”. Los “Cobra” restantes, Almoño y Martínez, en la navegación al objetivo material, se apartaron 20 MN al norte de la ruta prevista.
Iban rasante y se apercibieron del error al sobrevolar Monte Kent y aparecer sobre Bahía Anunciación. Decidieron regresar por la costa norte de las islas. Allí, el guía advirtió una pérdida de fluido del numeral (impacto con un pájaro y rompió la manguera del sistema hidráulico de freno). No observaron buques, PAC, ni artillería antiaérea. No enlazaron con el CIC por tener órdenes de silencio de radio.
Eyectaron las cargas externas y se dirigieron nuevamente al reabastecimiento, donde acoplaron al “Cierto 2”, quien los remolcó hasta 130 MN de San Julián. Aterrizó primero el nº 2, con problemas de freno, enganchó barrera a las 17,00 hs. El nº 1 lo siguió a continuación.
La escuadrilla “Pitón” reunida con la anterior en el reabastecimiento de ida, navegó formando a poca distancia de la “Cobra” y advirtió que ésta se desplazaba hacia el norte perdiéndola de vista. Continuó en vuelo rasante y salió correctamente a la zona del objetivo Identificó Bahía Agradable y no observó buque alguno.

Los integrantes de la escuadrilla “Pitón” sólo vieron una lancha pequeña, mar adentro en proximidades del establecimiento Fitz Roy. Escucharon al CIC dar posición de una PAC. No avistaron ningún objetivo terrestre y decidieron volver por el norte hasta las islas Salvajes, donde eyectaron cargas y se dirigieron al reabastecimiento. Arribaron a San Julián, a las 17,15 hs.
Tres M-5 Dagger, indicativo “Coral”, armado con dos bombas retardadas por paracaídas. Misión: objetivo a confirmar por el avión explorador. Tripulación: Capitán Horacio Mir González, primer teniente Carlos Antonietti, Mayor Carlos Martínez.

Navegaron hacia Malvinas guiados por un Lear Jet. Arribaron a la zona de las islas Leones sin avistar objetivos. Regresaron a Río Grande arribaron a las 16,22 hs.
Modificación del dispositivo de despliegue
La FAS ordenó el traslado de los Escuadrones I y II de A-4B Skyhawk que operaban en Río Gallegos, a San Julián, para que los M-5 Dagger de San Julián se trasladaran a Río Gallegos. Con esto ampliaba, en algo, la muy escasa autonomía de los Dagger sobre las islas, al no poder ya utilizar Río Grande por hielo en pista.
En Malvinas
Ataques de artillería terrestre y naval:
Las posiciones defensivas de nuestro despliegue terrestre fueron bombardeadas, durante la noche del 8/9 de junio por la artillería enemiga, (zona Two Sisters), desde el oeste y por fuego naval (zona BAM Malvinas) desde el mar.
Repliegue de helicópteros al continente:

El comandante del Componente Aéreo, aceptando la valerosa propuesta del jefe del Escuadrón Helicópteros, mayor Pose Ortìz de Rosa, autorizó el repliegue de dos Chinook CH-47, el H-91 y el H 93, de Puerto Argentino a Río Grande.
Daños a un Harrier GR.3:
Informó el RI 3 que, a las 11:00 un Harrier atacó un camino en su franja de combate. Fue repelido con armas livianas y, aparentemente, averiado.
Los británicos (Libro “Air War South Atlantic”, Pág. 199), admiten estas averías en el avión Harrier GR.3 del FltLt Murdo Mac Leod que debió bajar su tren de aterrizaje con el sistema de emergencia. Tenía seis o siete agujeros en el avión y cortadas las líneas de circuito hidráulico en los planos y fuselajes.
Hoy finalizaban los vuelos secretos argentinos para buscar armamento en Israel y Libia

En plena guerra, un grupo de pilotos civiles de Aerolíneas voló a Medio Oriente para regresar con los aviones repletos de armas. Por primera vez, estos héroes anónimos cuentan en detalle la odisea.
En “sigilosa” significa que el equipo de radio debía estar apagado, y también las luces: el avión no podía ser una estela en el cielo, sino un fantasma . Durante el vuelo, además, cuando resultara inevitable entrar en la frecuencia de los radares de control, era conveniente mentir posiciones. Los satélites de la OTAN y los aceitados servicios de inteligencia de casi todo Occidente barrían el Océano Atlántico y para los británicos todo el océano era zona de guerra. Esto quería decir que cualquier elemento sospechoso podía ser interceptado o derribado . Como no eran hombres de la Fuerza Aérea preparados para entrar en combate, la posibilidad de morir en medio de la misión los inquietaba y, por supuesto, representaba una novedad.
Es lógico: iban por las nubes cargados de armas.
Cuando fueron convocados para llevar adelante esta tarea, Gezio Bresciani, Luis Cuniberti, Leopoldo Arias, Ramón Arce, Mario Bernard, Juan Carlos Ardalla y Jorge Prelooker eran los pilotos civiles de la flota Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas . Hombres dichosos en tiempos dorados de la aviación comercial, nacidos con la línea de bandera y apasionados por su trabajo, que consistía en cruzar el mundo trasladando pasajeros y cargas. Pero llegó el 2 de abril de 1982, los militares recuperaron las Islas Malvinas, la Plaza de Mayo se colmó de fervores patrióticos y desde los altos mandos del Edificio Cóndor bajó una orden para que los aviones comerciales –y sus pilotos– se pusieran al servicio del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas. Hoy, la increíble historia de la “Operación Aerolíneas”, que se mantuvo en secreto durante 30 años, es contada aquí por primera vez y de la mano de sus protagonistas. Es el resultado de una investigación de más de dos meses de trabajo, cotejando datos, buceando en archivos y desgrabando entrevistas.

Fin del pacto. Los siete protagonistas de la “Operación Aerolíneas”: Gezio Bresciani, Ramón Arce, Leopoldo Arias, Juan Carlos Ardalla, Jorge Prelooker, Mario Bernard y y Luis Cuniberti.
Los fueron llamando de a uno. Les dijeron que los necesitaban y ellos aceptaron aún sin saber a dónde tenían que ir y qué tenían que hacer. Ahora comienzan a recordarlo: desanudan lentamente un pacto de silencio sellado en 1982.
“Cuando alguien te dice que tu país está en guerra y que podés ayudar de alguna forma no te detenés a pensarlo demasiado. Eso sentimos nosotros: que teníamos que ayudar”, dice Bresciani, 71 años, la mirada franca, el cielo todavía en los ojos. Después los anoticiaron, pero sólo a medias: había que realizar una serie de viajes hacia naciones remotas en busca de armas para el país.
Fueron dos vuelos a Tel Aviv, cuatro a Trípoli y uno a Sudáfrica, que debió ser abortado en pleno trayecto porque al parecer los militares argentinos no cerraron el negocio con el traficante de armas (Diego Palleros, según fuentes consultadas para esta investigación). Los viajes se realizaron entre el 7 de abril y el 9 de junio de 1982. Todas las operaciones fueron hechas con aviones Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas, tripulados por civiles y acondicionados para volver a tope: desmantelado de asientos , en cada partida, el fuselaje de la nave parecía la garganta seca de un robot.

Confidencial, esa era la palabra. Implicaba que ni esposas ni hijos ni amigos podían saber que se habían convertido en el núcleo de una misión secreta para armar a la Argentina en una guerra que se vislumbraba despareja. Los llamaban a sus casas, les ordenaban que estuvieran a tal hora en Ezeiza y sólo en los minutos previos a la partida comenzaban a soltarles la información con cuentagotas. A veces en el despacho de algún jefe militar. Otras directamente en el avión. En el tercer viaje, por ejemplo, al piloto Luis Cuniberti, que hoy tiene 76 años, lo hicieron despegar y una vez en el aire protagonizó el siguiente diálogo con el oficial de inteligencia que llevaba como enlace: –Bueno, dígame hacia dónde voy.
– A Trípoli.
Las rutas eran Buenos Aires–Recife–Las Palmas (Islas Canarias)–Trípoli o Tel Aviv. Los aviones partían con número indicativo falso, como casi toda la documentación legal presentada.

Antes de salir, los pilotos recibían un sobre con viáticos por 40 mil dólares para imprevistos y luego se enfrentaban a una situación inédita. Eran convocados a la oficina de Fuerza Aérea en Ezeiza, donde dos oficiales los esperaban para encomendarles una tarea extra. Jorge Prelooker, comandante del segundo vuelo a Israel, lo cuenta ahora, con cierta gracia, a los 75 años. Recuerda aquella noche, 10 de abril de 1982. Primero le comunicaron el destino, Tel Aviv, y luego ocurrió lo siguiente:
“Entro, saludo, me presento y de inmediato uno de ellos, oficial de la Marina, me hace entrega de unos prismáticos enormes. Yo me quedo medio sorprendido, los agarro y pregunto para qué eran. Entonces me dice: ‘Mire, ustedes van a volar por el Océano Atlántico y queremos que se fijen en la medida de lo posible si ven algún tipo de barco de guerra’. Le pregunto cuáles, cómo, y acto seguido este hombre despliega una lámina con las siluetas de los tipos de buques dibujados como en la batalla naval.
Nos pareció insólito porque es imposible que uno pueda reconocer el tipo de barco desde tan alto, pero durante la vuelta nos vimos obligados a volar más bajo y vimos buques dejando una estela inmensa en el mar, en rumbo Sur . Naturalmente, al llegar lo reportamos”.
En el aire era momento de callar. “Despegábamos, a los pocos minutos apagábamos todos los equipos y a volar en silencio. Éramos un misil atravesando la oscuridad de los cielos ”, explica Mario Bernard, entrador, a los 82 años. “Quince minutos antes de aterrizar abríamos contacto con la terminal que nos tocara y pedíamos autorización”, agrega. “En Brasil –sigue– se volvía a cargar combustible y nos lanzábamos a cruzar el océano otra vez en silencio.
Por supuesto íbamos escuchando las comunicaciones en inglés británico, que ocupaban casi todo el espacio radial en aquella época. El cruce del Atlántico implicaba que pasáramos cerca de la Isla Ascensión, desde donde se aprovisionaba la flota inglesa y desde donde despegaban los Vulcan que después bombardeaban Puerto Argentino”.
La pregunta surge sola: a pesar de los recaudos tomados, los aviones de Aerolíneas eran fácilmente identificables –como los de cualquier compañía área– y los mismos pilotos consideran que en el mundo de la aviación se sabía la operación que estaban efectuando.
¿Por qué entonces no los derribaron? Prelooker arriesga: “Si nos volteaban nos íbamos al fondo del mar y nunca se hubiera podido confirmar que llevábamos armas. Además, hubieran atacados aviones de línea con civiles a bordo, y hubiera desencadenado un escándalo internacional”, especula.
La gran película, sin embargo, los esperaba en los países de destino. Un banquete en Israel por tratarse de la primera vez que un avión de Aerolíneas llegaba a ese país; largas horas en palacios militares o en bases subterráneas en medio del desierto ; cenas de recepción con oficiales del régimen libio; hangares secretos colmados de aviones soviéticos; un teólogo tucumano, especialista en el Corán, que se presentaba como “El doctor Alberto” y era el hombre que gestionaba el armamento con los árabes por su conocimiento del idioma; sobresaltos en mitad de la noche; regalos enviados por Galtieri para Kadafi, que debían ser entregados en mano; y estadías que se prolongaban, mientras el Boeing iba siendo cargado con material de grueso calibre por oficiales del Ejército anfitrión.
“Al llegar a Libia nos daban unos libros de color verde. Después supe que era el libro verde de Kadafi. Estaba en árabe y en inglés. Y nosotros estábamos ahí, en unas habitaciones, mirando televisión y esperando novedades. De vez en cuando aparecía el doctor Alberto, un tipo lenguaraz, que nos decía que la cosa iba bien y se marchaba”, recuerda Leopoldo Arias.
No conocen en detalle lo que trajeron, pero entienden que fue mucho: misiles soviéticos, sobre todo, y minas antitanque y antipersonales, probablemente las mismas que siguen sembradas en los alrededores de Puerto Argentino. “Los misiles soviéticos eran clave –dice Cuniberti– porque son de largo alcance y los aviones ingleses, como sabían que Argentina los tenía, evitaban volar más bajo”.

“Fierros –dice Ramón Arce, hombre diminuto y de voz delgada–, trajimos fierros de todo tipo. Pero nuestro trabajo consistía en pilotear los aviones, trasladar el material, los militares no nos decían nada y nosotros entendíamos que no había que preguntar a menos que estuviera en riesgo la seguridad del vuelo”.
Arce era el jefe del grupo. Estaba a cargo de toda la línea Boeing y, como tal, era quien debía convocar a los pilotos cada vez que surgía un vuelo especial. También organizaba los otros vuelos, no secretos, que consistieron en transportar tropas de conscriptos a Río Gallegos y a Comodoro Rivadavia durante todo el tiempo que duró el conflicto con los ingleses.
Pero Arce fue, sobre todo, quien condujo el primer vuelo de la serie. El 7 de abril de 1982 despegó a rumbo a Tel Aviv en un viaje que no implicó mayores problemas porque todavía, a pesar del vértigo diplomático que comenzaba a dispararse, no había comenzado la guerra directa. Cuando arribaron al aeropuerto internacional Ben Gurion, una comitiva mixta de argentinos e israelíes los recibió con honores. “Al fin llegan –les dijo la representante de Aerolíneas en Israel, una rubia despampanante de Almagro que se hacía llamar Matsie–, los estábamos esperando”. Era la primera vez en la historia de Aerolíneas que un avión de su flota llegaba a Israel. Nadie supo jamás, hasta ahora, que ese avión regresó al país saturado de armas.
El comandante Juan Carlos Ardalla aparece en una de las fotos que ilustran esta serie de notas, acomodando una caja de municiones en el interior del Boeing 707, mientras la nave permanece estacionada en un hangar de Trípoli. Explicará que se hacía para distribuir el peso de una manera correcta y evitar que el avión, en pleno vuelo, se fuera de cola. Ahora tiene 71 años. Es un hombre flaco, espigado y saludable. El tiempo lo convirtió en un estudioso de la guerra. El resto del grupo lo señala como el especialista.

“De acuerdo a distintos estudios que aparecieron después de la guerra, estimo que el 30% de las armas que trajimos llegó a las islas. Pero no sabemos qué sucedió con el resto . Nosotros aterrizábamos en Palomar y de inmediato eran despachados a Río Gallegos con la carga”, explica.
La colaboración de Israel con las fuerzas armadas argentinas tenía motivaciones económicas y políticas (Ver Los motivos…). Pero la presión combinada de Estados Unidos y Gran Bretaña hizo que la entrega de armamentos israelíes al régimen militar argentino perdiera regularidad. A pesar de los intentos de Tel Aviv por mantener a través de terceros el comercio de armamentos, los militares argentinos consideraron que Israel estaba más cerca de Washington y Londres que de Buenos Aires, y se convencieron de la necesidad de buscar proveedores alternativos en Trípoli, que se abastecía vía Moscú .
Según diferentes informes de la época, el 14 de mayo de 1982 la Junta militar resolvió aceptar la colaboración del régimen de Kadafi y envió una misión ultra secreta a Libia para cerrar el acuerdo. Diez días después, el presidente Galtieri y el brigadier Mustafá Muhammad Al Jarrubí, comandante de las Fuerzas Armadas libias, suscribían un acta que calificaba como “bárbara” la “odiosa agresión imperialista británica” y anunciaba el envío de las siguientes armas a Argentina: 15 misiles aire-aire 530 de calorías.
5 misiles aire-aire 530 radares.
20 misiles aire-aire 550.
20 motores de misiles aire-aire 550.
20 misiles Istrella lanzador Kasef.
60 misiles Istrella proyectiles Maksuf 10 morteros de 60 milímetros con accesorios.
10 morteros de 81 milímetros con accesorios.
492 proyectiles de mortero de 60 milímetros.
498 proyectiles de 81 milímetros superexplosivo.
198 proyectiles iluminantes de morteros de 81 milímetros.
1000 bombas iluminantes de 26,5 milímetros.
50 ametralladores calibre 50 milímetros.
49.500 proyectiles calibre 50 milímetros.
4000 minas antitanque.
5000 minas antipersonales.
El 27 de mayo de 1982, Luis Cuniberti despegó desde Ezeiza y se enteró en el aire que debía llegar Trípoli. Iba en busca, sin saberlo, del primero de los cargamentos libios.
Los aviones regresaban con 40 toneladas promedio de material encima, es decir, pasados de peso, obligados a volar más bajo y con riesgo serio de venirse a pique . Volar a menor altura, además, hacía que el consumo de combustible fuera mayor, razón por la cual tuvieron que realizar escalas excepcionales.
Prelooker, Cuniberti y Arias recuerdan paradas en los aeropuertos de Las Palmas, Recife y Río de Janeiro cargados de bombas hasta la trompa y cómo custodiaban la puerta para evitar que nadie ajeno entrara a la nave: eran paradas de alto riesgo, por fortuna anecdóticas, junto a aviones repletos de pasajeros.
“Durante el tiempo que duró esta misión –dice el comandante–, nos vimos obligados a no respetar prácticamente ninguna de las convenciones formales ni los códigos de seguridad de la aviación aerocomercial”.


Lo que sí respetaron fue su propio silencio, la orden de no decir ni revelar nada a nadie. Naturalizaron los sucesos vividos y siguieron adelante con su trabajo en los años posteriores a la guerra hasta que se jubilaron en los tempranos ‘90.
En todo este tiempo, ley de vida, muchos de los tripulantes que los acompañaron fueron muriendo. Otros que también participaron en la “Operación Aerolíneas”, cuyos nombres se preservan, se alejaron con el secreto a cuestas. El Estado Nacional, en tanto, los reconoció como “veteranos de guerra” y les otorgó diferentes condecoraciones por la misión patriótica cumplida. Pero los hechos siguieron sin ser revelados. Era un hueco en este episodio trágico de la guerra de Malvinas: un espacio vacío que comienza a llenarse ahora.
Intenso fuego de artillería contra las fuerzas argentinas

9 de Junio de 1982. La noticia mas destacada de la jornada se centra en los movimientos intensos británicos para cercar Puerto Argentino. La Fuerza Aérea Argentina volvió a cargar sobre el frente, aunque sin reportar objetivos. Se esperan feroces combates para los próximos días.
Las fuerzas británicas procesan el duro golpe en Bahía Agradable


Sin duda el ataque realizado ayer por la Fuerza Aérea Argentina dejo una marca desagradable en la flota británica. Las distintas tandas de medios argentinos que pusieron su mira en Bahía Agradable asestaron un golpe impresionante tanto en personal como en medios británicos, llevando a media centena de muertos, casi dos centenares de heridos y buques hundidos y o severamente dañados. Luego de los ataques realizados, se espero que las fuerzas terrestres argentinas tomaran la iniciativa para aprovechar el efecto del «día mas negro de la Flota Británica«, movilizando distintos componentes defensivos hacia posiciones ofensivas entre Puerto Argentino y la Bahía.
Sin embargo, la dificultad que proponen los avances británicos, que se encuentran ya muy próximos a la capital de las Islas, limitan las posibilidades de que la Argentina pase al ataque. Se ha estimado el uso del BIM5, de todas maneras, el despliegue del mismo hacia otras posiciones cortaría las capacidades defensivas en Tumbledown.
Más allá del resultado del ataque, las fuerzas británicas continúan con las operaciones logísticas, llevando material hacia el frente. Actualmente todos los helicópteros con los que disponen se encuentran en actividades de transporte, siendo estos parte de las Escuadrillas 825 y 846, además de la 845, 847 y 848. Tanto los Sea King como los Wessex vuelan abarrotados de material hacia las posiciones próximas a Puerto Argentino.
Tal es el movimiento aéreo, que los británicos se han puesto en alerta ante el caso de que aeronaves Pucará argentinos sean utilizados de manera disruptiva para cortar las líneas de suministro.
Los combates en las cercanías de Puerto Argentino

La intensidad de los ataques británicos va en aumento y esto ese al ataque sobre Bahía Agradable. A hoy no hay indicios de que se alteren los planes de ataque sobre la capital de las islas, y esto es visualizado con el creciente ataque de artillería enemiga sobre Dos Hermanas y sobre la BAM Malvinas desde distintos buques de la flota.
Esto ultimo ha llevado a la Fuerza Aérea Argentina a tomar una decisión fuerte: ha pedido el repliegue de sus helicópteros pesados, llevando a que los CH-47 matriculas H-91 y 93 despeguen de Puerto Argentino hacia el continente. Esta navegación se dio en horas nocturnas y a muy baja altura para no ser detectados por el dispositivo británico.
La actividad británica también se muestra incesante desde el aire. En horas de la mañana aviones Harrier bombardearon las posiciones del BIM 5, del RI 3 y 6, con bombas beluga. Se ha reportado que uno de los Harriers fue dañado seriamente luego del fuego de fusilería concentrada de infantes argentinos.
A su vez, la artillería enemiga continua atacando las posiciones del RI 4 y RI 7, mientras existen encuentros de patrullas argentinas con británicas en torno a los montes Harriet y Longdon. Por su parte, las posiciones del RI 4 sobre los montes, es nuevamente apoyada por la sección del Sub Teniente Silva, que hasta ayer se encontraba en una posición de observación sobre Goat Ridge, observando hacia Bahía de la Anunciación. Esta sección, es recibida por un fuerte cañoneo ingles y sin embargo, logra emplazarse con frente hacia el oeste.
Se ha reportado a su vez un efecto positivo de la inclemente artillería argentina sobre Monte Challenger, donde las unidades británicas parecen dispersarse.
Misiones desde el continente

Pese al pésimo clima en la Patagonia Argentina, distintas misiones de combate pudieron salir con el objetivo de brindar apoyo a las fuerzas terrestres nacionales. Una de ellas enfocada en brindar apoyo a la zona de Fitz Roy.
Durante el día de hoy, aviones A-4B, indicativo Pitón, y aeronaves A-4C, indicativo COBRA, recibieron la orden de atacar buques en la bahía al sur del establecimiento Fitz Roy. Las misiones en las cuales participaron el 1er. Tte. Berrier, el Alf. Dellepiane, el Ten. Gelardi, el Cap. Almoño, el Alf. Martinez, el 1er. Tte. Costantino y el Alf. Isaac, despegaron alrededor de las 14 horas desde Gallegos y San Julián.
Siendo reaprovisionados por Cierto 2 en su viaje de ida, y con el regreso de Costantino por problemas en la radio del avión, se dirigieron al objetivo militar luego de pasar por la Bahía Anunciacion. Luego de los vuelos rasantes, no encontraron objetivos a la vista lo que llevo a regresar al continente, luego de otro encuentro con C-130 para ser reaprovisionados de combustible.
Lo mismo sucedería con la misión indicativo Coral, donde tres M-5, comandados por el Capitán Mir Gonzlez, el 1er. Tte. Antonietti y el Mayor Martinez arribaron a la zona de la isla Leones sin encontrar objetivos navales.
A las salidas de ataque sin resultados debido al desencuentro con unidades navales, la actividad aérea también se respaldo en importantes despliegues de observación y reconocimiento, con unidades LR-35, IA-58, DHC-6, B-707 y F-27.
Por el lado de la Aviación Naval también se reportan misiones de ataque, transporte y reconocimiento. En el día de hoy una sección de A-4Q se desplegó durante horas de la tarde para operar en la zona de Fitz Roy. Sin embargo, tras el anuncio de actividad de PAC enemigas en la zona, los aviones argentinos debieron regresar al continente.
Fuente: https://www.zona-militar.com/
Comunicados del Estado Mayor Conjunto
Comunicado n° 142: (Comunicado no encontrado).
Comunicado n° 143: El Estado Mayor Conjunto comunica que en las últimas horas de ayer 8 de junio de 1982, se registraron las siguientes novedades en el área Malvinas:
1. A las 22,00 hs tropas enemigas provenientes de la zona de Monte Kent intentaron infoltrarse en el centro del dispositivo defensivo propio, siendo rechazados luego de un intenso combate contra unidades del Ejército Argentino.
2. A las 22,30 hs la zona señalada fue centro de un violento duelo de artillería.
3. En el sector de Puerto Enriqueta, situado a 5 kms al sur de Puerto Argentino, comandos británicos intentaron un desembarco que fue rechazado por nuestras fuerzas.
4. Durante los eventos señalados, no se registraron bajas ni daños materiales en las fuerzas propias.
Comunicado n° 144: El Estado Mayor Conjunto comunica que en el día de la fecha, 9 de junio de 1982, se han registrado en el área Malvinas los siguientes eventos:
1. Entre las 08,00 y las 16,00 hs, el enemigo efectuó ataques de artillería, los que fueron contestados por las fuerzas propias. Estas neutralizaron las baterías británicas, las que a partir de las 16,00 hs permanecieron sin responder al fuego.
2. A las 11,25 hs el enemigo llevó a cabo un ataque aéreo sobre posiciones propias que fue rechazado. Como consecuencia del mismo, dos aviones Harrier británicos habrían resultado averiados.
3. El personal y los helicópteros enemigos que operaban en la zona de Monte Kent fueron abatidos por la artillería del Ejército Argentino.
4. La Fuerza Aérea Argentina efectuó ataques sobre personal y material del enemigo.
5. Se está analizando y evaluando la operación británica realizada en Bahía Agradable a efectos de determinar la posibilidad que el enemigo haya concretado su intento de desembarco y el remanente operativo del que dispondría luego del ataque recibido.