=Día a día lo que ocurrió en Malvinas y en el mundo durante el conflicto armado =Antecedentes a la Batalla de Monte Longdon =Fuerzas en combate =Fuerzas argentinas =Fuerzas británicas =El feroz ataque a Bahía Agradable =El día más negro de la flota británica – Bahía Agradable =Los sucesos en Malvinas =La intención de la Fuerza Aérea Sur =El ataque al RFA Sir Galahad y Sir Tristram en Bahía Agradable =El teniente Cachón queda a cargo de la misión =Exitoso ataque de la Fuerza Aérea Argentina =Ataque a la Fragata HMS Plymouth =Segundo ataque en Bahía Agradable =Mirage y Skyhawk al ataque!!! =Los Galeses del Sir Galahad =Ataque al petrolero norteamericano “Hércules” =Comunicados del Estado Mayor Conjunto
Desembarco rechazado: La Fuerza Aérea Argentina rechaza un intento de desembarco inglés, en Fitz Roy y Bahía Agradable. Son hundidos: HMS Sir Galahad, HMS Sir Tristam, lanchón de desembarco (LCU) Foxtrot (aunque no estaba lleno de soldados, debido a que transportaba material logístico, las bajas pueden ser mayores). Mueren 8 chinos en la playa, debido a los fuertes bombardeos. Es dejado fuera de combate el HMS Avenger. Es atacado el HMS Plymouth en Bahía Agradable, por cinco bombas de la aviación argentina. En total Gran Bretaña pierde a más de 150 hombres. El gabinete de guerra inglés pide que no se revelen las bajas de Fitz Roy.

Siendo que a las 23,30 horas del día 7 de Junio se observara un intento de desembarco de efectivos enemigos al sur de Monte Harriet, se envía una sección para rechazar a los efectivos que pudieran mantenerse en el lugar.
La fracción mencionada llega a la línea de la playa el día 08 de junio a las 01,00 horas y rastrilla el lugar, observando signos de la acción enemiga pero sin comprobar la presencia de efectivos.
Producto de un seguimiento minucioso de los movimientos del enemigo, realizado por el grupo escucha del Escalón de Comunicaciones de la Compañía de Comunicaciones 3, instalado en Puerto Argentino, sobre la base de la explotación de la documentación (las instrucciones para el funcionamiento y el empleo de las comunicaciones) y un equipo de radio capturado a las Fuerzas Especiales Británicas, permitieron determinar que a las 12,00 hs habría un desembarco en una zona identificada como “Blue Beach”.
Con la salida del sol distintos observadores de las tropas argentinas desplegados en el terreno y el sobrevuelo de aviones de reconocimiento de la Fuerza Aérea Argentina, permitieron constatar la presencia de buques en la zona de “Bahía Agradable” y “Fitz Roy”, reafirmando la información aportada por la actividad de Guerra Electrónica.
Mientras tanto los británicos, sospechando que estaban dadas las condiciones para un ataque aéreo argentino, pretendían rápidamente terminar con sus actividades y retirar los buques a alta mar.
– A todo esto, se sumó que a bordo del Sir Galahad se encontraba el 2do Regimiento de Guardias Galeses, que iban a ser empleados en su primera misión, pero la negativa de su Jefe en desembarcar e iniciar una marcha a pie de 32 km para salvar el espacio que acortaba el puente volado, hizo que se encontraran esperando lanchas de desembarco para acortar distancias.
– A las 10,26 hs, la Fuerza Aérea Sur, recibió información del CIC Malvinas respecto de movimientos de buques en la zona de punta Fitz Roy: serían dos buques grandes y otros chicos. Se estimó un posible desembarco. Se inició entonces una nueva operación…
Despegaron, en forma sucesiva, dos escuadrillas de A-4B Skyhawk con apoyo de un reabastecedor y dos de M-5 Dagger para atacar objetivos navales y otras dos de M-5 Dagger, sólo con cañones para diversión.
El submarino nuclear HMS Valiant, que operaba cerca de Río Grande, logró realizar el seguimiento de seis aviones M-V Dagger que despegaron a las 13,00 de la base aérea para una misión complementaria, y envió una temprana señal de alarma, pero el reporte del submarino falló y no pudo alertar a las fuerzas británicas en bahía Agradable. El destructor argentino ARA Santísima Trinidad interfirió las frecuencias usadas por los controladores aéreos de la Marina Real que dirigían las operaciones de los Sea Harrier.
Ambas escuadrillas se dirigieron hacia el objetivo material simulando una operación de ataque por ruta directa. Llegaron a islas Salvajes sin encontrar oposición aérea. La meteorología se presentaba con nubes bajas y lluvias, en algunos sectores.

Misión, 8 de junio 1982 – Extraído de la página oficial de la FAA

Aproximadamente a las 11,00 horas, y habiéndose disipado la bruma de la mañana, desde puestos de observación al Sur de Monte Harriet, efectivos del Regimiento de Infantería 4 observan el desplazamiento hacia Fitz Roy de una formación de buques enemigos, constituida por uno o dos navíos de gran porte (al parecer transportes de tropas) y tres o más elementos menores.
– A las 13,00 hs, el contingente británico tuvo un alerta aérea, observando la aparición de aviones a los que confundieron por unos Harrier. En realidad, eran dos Skyhawk y dos Mirage argentinos que pasaron a baja altura sobre Fitz Roy lanzando sus bombas sobre los buques. Por primera vez la aviación argentina había acertado en atacar a los barcos que transportaban tropas. Las bombas también hicieron impacto en los lanchones de desembarco de personal (LSL). Inmediatamente los buques se incendiaron, particularmente el Sir Galahad con los efectivos galeses a bordo. (No resulta conveniente detallar las consecuencias en el personal, pero las bajas fueron significativas).

– A las 13,30 hs aparecieron a vuelo rasante dos Skyhawk y dos Mirage argentinos que sorprendieron al enemigo, haciendo blanco en los buques y en las lanchas desembarco que se encontraban transportando personal. El fuego invadió particularmente al Sir Galahad que desencadeno en explosiones de mayor magnitud.
El Comandante Conjunto de Malvinas no tiene medio alguno a su disposición para atacar dicho convoy, el que, al parecer, se desplaza sin interferencias y a plena luz del día. Se informa de inmediato al CEOPECON en Comodoro Rivadavia solicitándose ataque aéreo sobre dichas naves.

Durante el resto del día, los británicos baten con intensas concentraciones de Artillería de campaña las posiciones del Regimiento de Infantería 4 de Dos Hermanas y Harriet restringiendo sensiblemente el flujo logístico.
Mientras tanto los británicos, sospechando que estaban dadas las condiciones para un ataque aéreo argentino,

pretendían rápidamente terminar con sus actividades y retirar los buques a alta mar.
La voladura oportuna de un puente por parte de efectivos argentinos, complicó los planes del enemigo que debían desembarcar los médicos de la 5ª Brigada y Ambulancias de Campaña para instalar un hospital.
Numerosas alarmas de ataques aéreos obligan a los defensores a permanecer en máximo alistamiento.
La fragata HMS Plymouth sufre averías importantes durante un ataque de Dagger del Grupo 6

frente a Bahía San Carlos a las 14,02 horas. Recibe cuatro bombas de mil libras: Ninguna detona pero una de ellas hace explotar una carga de profundidad en la cubierta de vuelo iniciando un grave incendio.
La operación solicitada al CEOPECON se concreta en horas de la tarde: Cuando los efectivos de la Guardia Galesa embarcados en los buques “RFA Sir Galahad” y “RFA Sir Tristam”, se encuentran en Bahía Agradable esperando disponer de barcazas para desembarcar directamente en Bluff Cove se produce un ataque de aviones “Skyhawk” y “Mirage” pertenecientes a la Fuerza Aérea Argentina a las 14,10 horas que les causan, aproximadamente, 51 muertos y 46 heridos.

Por la tarde y durante la noche, se captan mensajes de radio de comandos ingleses que solicitan urgentes medidas de auxilio a sus niveles superiores.
Los británicos identifican esta operación como el “desastre de Bahía Agradable”
En tierra
Se ordena y se efectúa con helicópteros el repliegue del resto de la Compañía A del Regimiento de Infantería 4 que se encuentra emplazada en el Norte de la Península de Fressinet para reforzar las posiciones en el Cerro Dos Hermanas.
Al oscurecer, se desata un intenso fuego naval sobre las posiciones de los Regimientos de Infantería 3 y 4 y sobre el Batallón de Infantería de Marina 5.
El Comandante de la Agrupación Puerto Argentino estudia la posibilidad de ejecutar una operación terrestre con el objeto de explotar los resultados de los ataques aéreos en Bahía Agradable concluyendo que la operación no es factible por:
• La superioridad aérea y naval enemiga y las acciones emergentes que se han intensificado después del impacto inicial logrado por la Fuerza Aérea Argentina.
• La falta de medios de transporte para munición y carga.
• La imposibilidad de desplazar las piezas de artillería.
• Dispositivo enemigo que debe ser atravesado en Monte Kent y Challenger.
La formación de esta segunda cabeza de playa aumenta la capacidad de maniobra de los efectivos terrestres británicos, favorece su abastecimiento y crea otro blanco difícil para la Fuerza Aérea Argentina.
En horas de la noche, los británicos adelantan efectivos apreciados en una compañía sobre las posiciones del Regimiento

de Infantería 4 en Monte Harriet (a las 22,00 horas) y otros sobre las posiciones del Regimiento de Infantería 7 en Monte Longdon (a las 23,00 horas).
Fracciones adelantadas alertan a las respectivas posiciones desatándose un intenso fuego de ametralladoras y de Artillería previstos para batir las avenidas de aproximación. El enemigo se repliega hacia la medianoche. Patrullas argentinas que vuelven a adelantarse informan que el terreno ha quedado despejado.

El radar Rasit del Regimiento de Infantería 7 detecta el aparente movimiento de tres grupos numerosos de personal enemigo desplazándose hacia Monte Longdon abriéndose fuego de morteros y de Artillería sobre ellos. Con las primeras luces del día, patrullas destacadas comprueban indicios de actividad de importantes efectivos ingleses en el lugar que presumiblemente se han replegado como consecuencia del fuego mencionado.
– En Teal Inlet se establece una base avanzada de helicópteros y un hospital de campaña británico.
(Madrugada).- Los cañones CITER de 155 mm. disparan contra la fragata Yarmouth, que estaba en misión de bombardeo nocturno. Seis piques cercanos alejan al buque de la zona.
– A las 09,55 hs el petrolero VLCC Hercules es atacado por el C-130 (TC68) de la FAA cuando navegaba al norte de las islas. Le lanzan sus 12 bombas Expal de 250 kg. sin resultado. Sobre las 13,30 hs, el Canberra B105 (Mayor Chevallier y Primer Teniente Pagano) lo ataca de nuevo, impactándolo con una bomba de 250 kg. Sin explosionar. El petrolero fue llevado a Brasil y hundido a 250 millas de la costa, por la Marina Brasileña, al no ser posible la desactivación del artefacto.
Laguna MacPhee, zona de Bluff Cove (17,30 hs).- Un helicóptero Westland Scout (XR628) del 656º Esc. del Ejército (AAC), pilotado por el Sargento Kalinski y el Cabo Rigg (artillero), sufre un fallo en el rotor principal cuando aterriza para ocultarse de aviones A4 Skyhawk del Grupo 5 que se dirigen a atacar los buques RFA Sir Tristam y RFA Sir Galahad en Bluff Cove. Al intentar el despegue de nuevo, cae a tierra, resultando su tripulación ilesa y siendo rescatada por otro Scout (Capitán Greenhalgh). El aparato no pudo ser reparado y fue llevado a Fitzroy, por un Sea King, el 11 de junio.
Curiosamente este mismo aparato había sido derribado en Rafdan en 1964 y vuelto a poner en servicio.
Bluff Cove (17,35 hs).- Los Skyhawk argentinos atacan a los buques logísticos Sir Tristam y Sir Galahad, que transportan a la infantería de los Guardias Galeses. La zona de Fitzroy era el nuevo centro de mando y despliegue de la Brigada de Infantería 5. Los cuatro lanzadores Rapier de la Batería “T (destacamento 32 A), desplegados en la zona, no respondieron al ataque, al no encontrarse sus sistemas electrónicos listos para la acción. Habían sido embarcados en los dos buques y fueron descargados antes de los ataques.
Monte Dos Hermanas (noche).- Un ataque de tanteo de dos secciones de infantería del 45” RM es detectado por el radar Rasit situado en Longdon. La artillería argentina bate la zona y los Royal Marines se retiran. En la zona norte de Harriet, por Goat Ridge, otra patrulla de reconocimiento y ataque del 42º RM (1º Sc., Cia. K) mata a dos soldados argentinos del RI 4 (3º Sc., Cia. B), retirándose al ser batida por fuego de mortero de 120 mm. argentino.
Antecedentes a la Batalla de Monte Longdon
El 8 de junio un misil Blowpipe, lanzado por el cabo Hugo MacDougall del grupo antiaéreo de la Compañía B «Piribebuy» del Regimiento 6,

alcanzó el Harrier del piloto vicecomodoro Peter Squire que había partido del portaaviones hermes para bombardear Monte Longdon. Squire logró eyectarse y su cazabombardero hizo un aterrizaje forzoso en San Carlos dañándose sin reparación posible. Luego fue canibalizado.
Sin embargo, el coronel Pike y sus jefes de compañía, en la víspera de la batalla todavía tenían a los defensores argentinos en primera línea en baja estima, debido a los informes falsos de la patrulla del cabo Phillips, y no esperaban que dieran mucha resistencia.
Por esta razón, el coronel británico esperaba sorprender a los defensores argentinos, avanzando lo más cercano posible bajo la cubierta de la oscuridad antes de pasar al asalto. El teniente coronel Pike esperaba causar mucho pânico entre los conscriptos argentinos y sus suboficiales y oficiales, y por esta razón no utilizó la artillería británica al comienzo de la batalla.
Los tres objetivos principales —Fly Half, Full Back y Wing Forward— fueron nombrados como las posiciones empleadas en el juego de rugby. La Compañía B atacaría a través de Fly Half (apertura) antes de proceder hacia Full Back (espalda), mientras que la Compañía A, seguido por la Compañía C, tomarían Wireless Ridge.
Pero la moral seguía manteniéndose bastante razonable en el Regimiento 7. El soldado conscripto Elbio Eduardo Araujo, con una lata de dulce de batata vacía, tocaba la Colina de la vida (de León Gieco) contagiando con su canto a todos sus compañeros del 3º Pelotón de fusileros. Miguel Ángel Arrascaeta fue herido por el fuego de ablandamiento británico en la primera semana de junio y evacuado, pero creyendo que sus amigos en su 1º Pelotón todavía lo necesitaban el conscripto hospitalizado regresó a Longdon donde perdió la vida combatiendo en la batalla. El soldado conscripto Fabián Emir Passaro de la Compañía B combatió en Monte Longdon con el pelotón adelantado de Baldini y recuerda la vida en esos momentos:
La mayor parte de nosotros nos habíamos ajustado a lo que nos habían puesto, nos habíamos acostumbrados a la guerra. Pero algunos chicos identificados como Carlos Alberto Carbone, Luis Leccese, Felix Benjamin Barreto y Antonio Francisco Belmonte en el libro Dos Lados De Infierno (Editorial Planeta, 1994) todavía estaban muy deprimidos y, en muchos casos, se estaban empeorando. Por supuesto, estábamos muy hartos de llevar la misma ropa puesta por tantos días, yendo sin una ducha, teniendo tanto frío, comiendo mal. Fueron demasiadas cosas juntas, aparte de nuestro temor natural de la guerra, el bombardeo y todo eso. Pero pienso que algunos de nosotros nos adaptábamos mejor que otros. Había chicos que estaban muy preocupados; y traté de levantarles un poco el ánimo. ‘No se preocupen,’ les dije. ‘Nada sucederá, estamos a salvo aquí. ¿’No ven ustedes que nunca podrán conseguir llegar aquí arriba? Somos unos mil; si ellos tratan de subir, nosotros los veremos y los sacaremos la mugre a balazos.
En una de sus últimas cartas el soldado Araujo escribió a su familia:

Islas Malvinas (¡Argentinas!): Quédense todos tranquilos que el soldado Araujo monta guardia por la Argentina (la de todos), próspera y soberana y que es fiel a su juramento.
Cuando la los hombres de la Compañía B —bajo órdenes del mayor Mike Argue— del 3 PARA fijaron bayonetas para asaltar las posiciones del 1er Pelotón en Monte Longdon, se encontraron avanzando dentro un inmenso campo minado. Los zapadores británicos más tarde contarían unas 1500 minas antipersonales sembradas en las laderas adelantadas de Longdon, pero solo explotaron dos, diría el cabo Peter Cuxson, porque el resto estaba congelado por el hielo. De lo contrario la batalla final por Puerto Argentino habría sido una historia totalmente diferente, concluye el suboficial británico.
Fuerzas en combate
Fuerzas argentinas
El monte Longdon (nombre en código argentino: «Subsector Plata 2»), localizado al oeste de Puerto Argentino, estaba guarecido por la Compañía B del Regimiento de Infantería 7, la 1ª Sección de la Compañía de Ingenieros 10 y la Sección Antiaérea de la Compañía de Comando del Batallón de Infantería de Marina nº 5.

El jefe de la plaza era el mayor Carlos Eduardo Carrizo Salvadores, que era el 2º jefe del Regimiento 7. Lo secundaba el jefe de la Compañía B, capitán Carlos López. La fuerza argentina estaba posicionada en la cima del monte con cuatro puntos dispuestos para atacar a los 360° con énfasis al oeste. La Compañía B ocupaba tres de los puntos, con la 1ª Sección (subteniente Juan Baldini), 2ª Sección (sargento primero Raúl González) y la 3ª Sección (teniente primero Enrique Nierotti) con frente al oeste, norte y sur, respectivamente. Contaba con un total de seis ametralladoras de calibre 12,7 mm, dos cañones de 105 mm. La 1ª Sección de la Compañía 10 (teniente Hugo Quiroga) afrontaba al sur. En el centro estaba el Grupo de Morteros Pesados (sargento primero Pedro López) con dos piezas.

Era una formación muy bien entrenada del Ejército Argentino, en comparación con muchos otros ejércitos latinoamericanos. A fines de 1981, la X Brigada llevó a cabo operaciones de combate simuladas en conjunto con la Fuerza Aérea Argentina en presencia del comandante en jefe del Ejército Argentino teniente general Roberto Eduardo Viola. La X Brigada del general Jofre tendría 66 hombres muertos y 370 heridos en las Malvinas.
El Regimiento de Infantería 7, reforzado por dos secciones de Infantería de Marina, se atrincheró en Monte Longdon, Wireless Ridge y Cortley Ridge hacia el este. El teniente de navío Sergio Dachary había vuelto a Monte Longdon, en la semana anterior a la batalla, y estuvo al mando de las ametralladoras pesadas de los infantes de marina en Monte Longdon.
En su mayoría conscriptos con un año de formación, poseían fusiles FN FAL totalmente automáticos que entregan más potencia de fuego que el SLR británico, granadas de fusil PDF y antitanques PAF, ametralladoras MAG de 7,62 mm, un radar de vigilancia terrestre Rasit; unos cincuenta del Regimiento 7 lucharían con más decisión que el resto y compartirían sus técnicas de comandos con sus compañeros, que aprendieron después de haber pasado por un curso de comandos organizado por el mayor Oscar Ramón Jaimet, entrenado como comando y ahora oficial de Operaciones del Regimiento de Infantería 6. Durante 1981, el general Jofre organizó un Pelotón Helitransportado para cada unos de los Regimientos 3, 6 y 7 de la Brigada X bajo la supervisión del mayor Jaimet.
Fuerzas británicas
Las Fuerzas Armadas británicas enviaron al 3er Batallón del Regimiento Paracaidista (teniente coronel Hew Pike) al ataque contra el monte Longdon. Como reserva en la retaguardia se aprestó una parte del 2.º Batallón. El apoyo de artillería fue provisto por seis cañones de la 79ª Batería del 29º Regimiento, además de la fragata HMS Avenger (F185).
El feroz ataque a Bahía Agradable
Relato del General VGM Martín Balsa

8 de junio de 1982: la Sir Galahad se incendia en Bahía Agradable luego del ataque de los Skyhawk A-4B de la Fuerza Aérea Argentina
El 8 de junio a la mañana recibí en mi puesto de comando una comunicación radial de mi observador adelantado de artillería ubicado en el monte Harriet con el Regimiento de Infantería 4. Me informó que al disiparse la bruma había detectado dos buques británicos en dirección a Bahía Agradable. Y también movimiento de helicópteros.
La poca precisa información inicial fue confirmada por el capitán de comunicaciones Alfredo Frisoli, que concurrió personalmente a mi unidad. De inmediato se informó al Comandante de la Agrupación “Ejército” Puerto Argentino, quien solicitó al continente apoyo de fuego aéreo, ya que el objetivo estaba fuera del alcance de nuestra artillería.
Después del mediodía, dos oleadas de nuestros Skyhawk A-4B atacaron a los buques Sir Tristram y Sir Galahad. La acción se vio facilitada por la rapidez de su ejecución y el error de los británicos de no haber instalado previamente en tierra misiles “tierra-aire” para proteger y defender el desembarco.
Tres pilotos argentinos dejaron su vida en esa arriesgada misión: José Arrarás, Danilo Bolzán y Alfredo Jorge Vázquez.
Los ingleses declararon haber sufrido más de 52 muertos y 62 heridos. Ese día fue recordado como el más negro para la flota real.
Los dos buques, de 3.250 toneladas cada uno, tenían capacidad para transporte logístico y de tropas, pero carecían de armamento antiaéreo. A mi juicio fue una operación innecesaria que ocasionó importantes pérdidas y que los británicos llamaron “el desastre de Bluff Cove”.
El almirante Sandy Woodward lo reconoció con hidalguía: “Debí haberlo impedido, por supuesto. Es mi culpa”. Y agregó: “Una de mis profundas tristezas acerca del desastre de Bluff Cove es que siempre será la imagen viva de la guerra de las Falklands para muchas personas, ya que la televisión estaba allí filmando las terribles imágenes en vivo de los soldados quemados y gravemente heridos”.

Los ingleses desembarcaban en la Bahía cuando fueron atacados por las dos oleadas de cazas argentinos
El diario madrileño Ya, en su edición del 11 de junio de 1982, consignó: “El propio ministro de Defensa, John Nott, ha asegurado ayer tarde en el Parlamento que las pérdidas sostenidas a causa de los ataques (del día 8) son trágicas”.
¿Fue un error el desembarco en Bahía Agradable? En mi opinión sí, pero también los vencedores los cometen.
El estrangulamiento y cerco total del último y principal reducto argentino era inevitable, y los británicos podrían haber prescindido de dicho desembarco. Pero lo hicieron. Quizás porque originalmente el plan general inglés consistía en que las fuerzas de tierra pudieran avanzar desde dos zonas diferentes, en un movimiento de pinzas, sobre Puerto Argentino.
Apenas oscureció concurrí al cerro Sapper Hill, donde mi unidad tenía destacado un pelotón de observación adelantado de artillería, agregado al Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM 5), y pude observar el resplandor que originaba el incendio de los buques ingleses.
Momentos después, el general Mario Benjamín Menéndez —con su característico quepis y abrigo civil— concurrió a una de mis posiciones al sur de la ciudad porque quería ver el incendio.
Le indicamos que para ello tenía que concurrir al cerro, pero era conocido por todos que no se trataba de un lugar muy apacible durante la noche: los cañoneos navales británicos eran incesantes hasta el amanecer. Me informaron que no concurrió.
No existían posibilidades de contraatacar el desembarco británico con fuerzas terrestres. No había reservas, ningún contraataque había sido planeado, se carecía de movilidad terrestre y helitransportada, la artillería propia estaba fuera de alcance y sin movilidad.

Ese mismo día, en horas de la tarde, un avión Sea Harrier atacó el sector de mi puesto de comando al sur de Puerto Argentino. La artillería antiaérea abrió fuego con misiles y cañones. Sobre un diáfano cielo azul se vio nítidamente un hongo de color negro petróleo, del cual se desprendió en tirabuzón la inconfundible figura del Harrier. Segundos después vimos el paracaídas con el piloto que se había eyectado.
Con mis binoculares observé que el cuerpo estaba inmóvil, probablemente muerto. Cayó al mar, y uno de nuestros helicópteros despegó para intentar rescatarlo, pero debió aterrizar de inmediato por un nuevo ataque de dos aviones similares al derribado.
La acción fue saludada con los clásicos sapucay de los soldados litoraleños. Fue el último derribo de los trece aviones que el Reno Unido perdió en la guerra.
Desde ese día era fácilmente apreciable que al cerco naval y aéreo -materializado a fines de abril- inexorablemente estrechaba el cerco terrestre sobre Puerto Argentino. Los ingleses seguramente también experimentaban el rigor del combate, pero se hallaban en mejores condiciones y disponían de reservas frescas, mientras que nosotros estábamos inmóviles y desgastados, en posiciones prematuramente ocupadas desde mediados de abril.
La posición defensiva de Puerto Argentino tenía un extenso y débil perímetro, era una “tela de cebolla”, solo un incompetente como el general Cristino Nicolaides—antes que se iniciara la guerra—la calificó como “una fortaleza inexpugnable”.
El avance inglés encontró débiles resistencias, excepto en el sector defendido por BIM 5, apoyados por los grupos de Artillería 3 y 4. Los ingleses calificaron a esa unidad como un “Batallón de élite de Infantería de Marina”. Doy fe de su profesionalismo y de la de su jefe el capitán de fragata Hugo Robacio.
Los combates se intensificaron, y los días 12 al 14 de junio fueron definidos por el periodista inglés Bob Mc Gowan, del Daily Express, como “un episodio terrorífico, desesperado y al mismo tiempo trágico, que aparejó un número no especificado de muertos y cincuenta heridos entre los ingleses”.

Simon Weston, se convirtió en un símbolo británico del “desastre” de Bahía Agradable: el ataque le provocó quemaduras en el cuerpo y sufrió más de 70 operaciones en 22 años. Fue condecorado por el Duque de Edimburgo (Simonweston.com official site)
La dislocación psicológica y material era evidente al amanecer del 14 de junio. Nuestras tropas estaban cercadas y acorraladas por el ataque enemigo desde el oeste, y por el mar desde el norte, el sur y el este. El aniquilamiento había sido logrado por los ingleses.
Nuestro adversario seguramente confiaba en la victoria, pero no ahorró sacrificios para obtenerla. El heroísmo fue el mismo en los dos bandos.
Durante la guerra los ingleses fueron mis enemigos, pero con el más alto respeto. Quizá muchos de nosotros seríamos olvidados excombatientes el resto de nuestras vidas sin el respeto ni reconocimiento de quienes nos enviaron a la guerra y nos ignoraron cuando regresamos al continente. Me refiero a la superioridad insensible e ingrata.
Nunca más volvería a ver a muchos de mis bravos veteranos de Malvinas. La guerra había terminado, pero sus secuelas recién empezaban. Era, “el fin del comienzo”, pero de un comienzo que continúa.
Aquella fría mañana del 14 de junio culminaba la guerra y la denominada por los británicos “Operation Corporate”, que se había iniciado el 21 de mayo con el desembarco en San Carlos.
Al término de un infierno de más de 50 horas un silencio sepulcral reinaba en nuestra zona. Se había cumplido lo que expresó Jorge Luis Borges en su Poema conjetural: “Zumban las balas en la tarde última/ hay viento y hay cenizas en el viento, /se dispersan el día y la batalla deforme, /y la victoria es de los otros“.
Después de una leve nevisca que cayó sobre nuestros silenciados cañones, quedé deslumbrado por un tenue destello del sol que se abrió paso en la niebla que cubría el mar.

Fuente: malvinasguerraaerea.blogspot.com
El día más negro de la flota británica – Bahía Agradable

Los sucesos en Malvinas
Al amanecer, las calles de Puerto Argentino estaban cubiertas de hielo lo que dificultó, en las primeras horas, el traslado de efectivos y elementos, desde y hacia la Base Aérea Militar. Aparte del ataque a Fitz Roy, ese día sucedieron otros hechos menores:

Se accidentó un Harrier GR.3, matrícula XZ-989 (Wg Cdr Peter Squire), en la pista terrestre en San Carlos. El avión quedó inutilizado y la pista fuera de servicio toda la tarde.
Intento de enlace: A las 10,45 hs, el enemigo intentó efectuar un enlace entre el Vicecomodoro Saúl Costa, prisionero a bordo de un buque de la Task Force, y el Brigadier Luis Castellano. No se lo atendió por orden de éste.
Fuego Naval: A las 23,00 hs, comenzó el bombardeo naval sobre el área de Puerto Argentino.
El enemigo completaba el cerco sobre Puerto Argentino y sólo esperaba que la Brigada de Infantería 5, en el flanco sur, lograra su aptitud para encarar el ataque final, en coordinación con las demás unidades ya listas en el noroeste y oeste.
Para lograr este apresto, la Brigada de Infantería 5 debía desembarcar algunas unidades, guardias galeses y escoceses, en la zona de puerto Fitz Roy.
La aviación embarcada británica había casi finalizado su principal tarea y se empeñaba, ahora, en el apoyo de fuego naval a las operaciones terrestres, al tiempo que empleaba los Sea Harrier GR.3 en apoyo aéreo directo y en la defensa aérea.
La intención de la Fuerza Aérea Sur
Como en días anteriores, la FAS mantenía el objetivo de atacar, dentro de lo posible, buques logísticos, considerándolo más rentable, aunque no los había podido ubicar con precisión y oportunidad. Mientras el Estado Mayor planificaba las salidas de ataque a objetivos materiales, dentro del radio de acción de los cazabombarderos, y perfeccionaba todos sus medios de detección para ubicarlos, se iniciaron las operaciones de interdicción.
El ataque al RFA Sir Galahad y Sir Tristram en Bahía Agradable

8 de junio de 1982 : Ataque al RFA Sir Galahad y Sir Tristram
Durante el ataque aéreo de bahía Agradable del 8 de junio de 1982, los buques de transporte de tropas del Reino Unido intentaban desembarcar en bahía Agradable, isla Soledad, cuando fueron bombardeados por aviones de la Fuerza Aérea Argentina que causaron considerables daños y bajas.
La primera oleada, originalmente compuesta de ocho aviones, fue reducida a cinco cuando tres A-4B Skyhawk retornaron a la base debido a problemas de reabastecimiento de combustible. Una escuadrilla, indicativo ¨Mastín¨, estaba liderada por el Primer Teniente Alberto Jorge Fillipini, secundado por los Tenientes Daniel Eduardo Gálvez y Vicente Autiero y el Alférez Hugo Edgardo Gómez. La otra escuadrilla, indicativo ¨Dogo¨, estaba liderada por el Capitán Pablo Carballo, secundado por el Primer Teniente Carlos Cachón, Teniente Carlos Alfredo Rinke, y el Alférez Leonardo Salvador Carmona.



Los A-4B Skyhawk en vuelo rasante sobre el agua
El submarino nuclear HMS Valiant, que operaba cerca de Río Grande, logró realizar el seguimiento de seis aviones M-V Dagger que despegaron a las 13,00 de la base aérea para una misión complementaria, y envió una temprana señal de alarma, pero el reporte del submarino falló y no pudo alertar a las fuerzas británicas en bahía Agradable. El destructor argentino ARA Santísima Trinidad interfirió las frecuencias usadas por los controladores aéreos de la Marina Real que dirigían las operaciones de los Sea Harrier.

Los cinco A-4B Skyhawk se reabastecieron a los 52° S 66° O y continuaron juntos pasando en vuelo rasante sobre el área señalada observando helicópteros y tropas. Luego viraron a la derecha y avistaron a los dos buques de asalto.
El teniente Cachón queda a cargo de la misión

“Llévelos a la gloria”, le dijo el capitán Pablo Carballo con ese sonido latoso de los transmisores de los aviones de combate.
El primer teniente Carlos Cachón volaba su cazabombardero A4B SkyHawk por sobre las heladas aguas del Atlántico Sur cuando recibió la inesperada orden de tomar el mando de la escuadrilla que debía impedir el desembarco británico en Bahía Agradable. Un hecho fortuito dejó a Cachón como responsable de la misión. Los aviones de los jefes, el capitán Carballo y el primer teniente Filippini, habían sufrido el congelamiento de sus estructuras de reabastecimiento y no podían desplegarlas para recibir el combustible del avión carguero que debía hacer la maniobra en pleno vuelo. Cachón respiró profundo y se dispuso a concretar la misión más importante de su vida y para la que se había preparado rigurosamente en los últimos doce años.
No muy lejos de ahí, en la entrada de la Bahía Agradable, al sur de Puerto Argentino, dos cargueros de 3.250 toneladas, el Sir Tristan y el Sir Galahad, repletos de soldados británicos se disponían a comenzar el desembarco más importante de la guerra. Entre los cuerpos de marines estaba la Guardia Galesa de la Reina, los soldados de elite que desde siempre son usados para ser los primeros en tomar el objetivo como símbolo del poderío británico.
Dos días antes se había rechazado el pedido del secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, para declarar un cese al fuego que permitiera a Gran Bretaña reocupar las islas pacíficamente. Ya habían pasado 39 días de guerra y los ingleses avanzaban inexorablemente.

El carguero Sir Galahad se había retrasado por la espesa neblina que había en la bahía y se desplazaba lentamente por el flanco oriental. En una de las cubiertas inferiores, junto a una de las lanchas de desembarco, se aprestaba el soldado Simon Weston. A los 20 años ya era un veterano. Se había enrolado a los 16 y participado de las campañas de Irlanda del Norte y Kenia. Sus padres también eran militares, él aviador de la RAF y ella enfermera de combate. Simon no conocía otra vida. Siempre había vivido en barracas y entre soldados.
El teniente Cachón dio un vistazo a sus instrumentos y abrió la comunicación con los aviones que habían quedado a su mando. Reiteró las órdenes y la escuadra se deslizó hacia las islas. Tenían que volar a gran altura y bajar casi al ras del agua apenas estuvieran sobre el objetivo. Todo en una maniobra muy peligrosa de apenas unos segundos. Llevaba tres bombas de 250 kilos de fabricación argentina. Eran las que estaban dando el mejor resultado. Antes habían probado con bombas de 500 y 1.000 kilos, pero eran tan poderosas que traspasaban los barcos y explotaban en el agua.
Era ya la media mañana y Cachón llevaba volando desde hacía casi dos horas. Había avanzado durante varias millas al ras del agua y la sal se le pegaba a la escotilla. Ahora estaba a gran altura para caer sorpresivamente sobre el blanco, pero no podía ver los barcos por la sal y la bruma espesa que cubría la bahía. De otro de los aviones viene el aviso esperado:

¡Están ahí, a la derecha, uno a cada lado de la península!”. Los dos barcos aparecieron entre las nubes grises. Cachón dio la orden: tres de los cinco aviones irían sobre la izquierda y atacarían al Sir Tristan. El suyo y otro de los Skyhawks lanzarían sus bombas contra el el Sir Galahad.

Simon Weston ya estaba listo. Tenía su mochila cargada y estaba recibiendo las órdenes de un teniente: “Tenemos que tomar la altura de Sapper Hill para encaminarnos directamente a Puerto Stanley”.

En ese momento sintió el primer sacudón. Fue eso, un movimiento brusco. La primera bomba había pegado sobre la escotilla pero estalló a casi un kilómetro de distancia, sobre la playa. La segunda bomba del primer avión argentino tuvo la misma suerte. Cachón vio la acción y decidió bajar un poco más para apuntar directamente al sector de máquinas del navío. Era peligroso porque estaba al alcance de la artillería británica, pero imprescindible para que las bombas alcanzaran el blanco.
Cachón tomó la manivela que libera las bombas y esperó estar casi sobre el Galahad. Lanzó la primera y la segunda casi al mismo tiempo. Vio como llegaban a la proa y explotaban sobre la cubierta. La tercera fue directamente al centro del barco, en la zona de máquinas. La cabeza explosiva traspasó la primera cubierta y llegó a la segunda, donde estaban los soldados listos para desembarcar.
Y antes de que se extinguiera el ruido de las turbinas explotaron las bombas y desataron lo que los mismos ingleses denominaron el infierno de Bluff cove.

Booooooooooommmmm. La explosión se produjo en forma directa sobre dos camiones cargados con combustible para misiles. En un segundo todo fue rojo, amarillo y hervía. “Se convirtió en el infierno. Era sangre, defensa y fuego. Mucha sangre derramada”, recuerda Simon Weston.
Cachón se elevó y no supo más nada. De otro avión le aseguraron que le había pegado al barco, pero él no pudo ver nada. Se tenía que alejar lo antes posible porque seguramente ya estaba en el radar de los aviones británicos que se acercaban.
Las explosiones sacudieron al Sir Galahad e hicieron temblar la tierra en las costas. Explotaron también las municiones que el buque llevaba en sus bodegas y las que estaban sobre cubierta. El incendio en el buque era pavoroso. Los hombres que se habían salvado hasta el momento se arrojaban desesperados al agua, cubierta en parte por petróleo ardiente.
Weston fue alcanzado de lleno por el fuego. El calor era tan intenso que derretía la suela de las botas. Trató de alzar a un compañero herido, pero ya no tuvo fuerzas. Tenía buena parte del cuerpo quemado. Alguien lo empujó hasta la cubierta superior. Sólo recuerda que en un momento apareció un helicóptero para rescatarlo.

El Sir Tristam, igualmente averiado, se hallaba a unos 100 metros del otro buque, impedido de acudir en su auxilio y luchando para extinguir los principios de incendios que amenazaban extenderse.
Exitoso ataque de la Fuerza Aérea Argentina
Aproximadamente a las 14,00 horas, los barcos RFA Sir Tristram y RFA Sir Galahad fueron severamente dañados por cinco A-4B Skyhawk del Grupo 5 de Caza. Los tres A-4B Skyhawk de la sección Dogo atacaron al RFA Sir Galahad, que fue golpeado por tres bombas del avión del Primer Teniente Cachón. El avión del Teniente Rinke fue incapaz de soltar sus bombas y el del Alférez Carmona sobrepasó al barco golpeando sus bombas en tierra.

Los dos aviones de la sección Dogo atacaron al RFA Sir Tristram, las bombas del Alférez Gómez cayeron a corta distancia del barco, que fue golpeado por dos bombas soltadas por el líder de la escuadrilla de ataque, el Teniente Gálvez. Las explosiones y subsecuentes incendios mataron a 48 hombres embarcados en el Sir Galahad y a dos tripulantes del Sir Tristram.


RFA Sir Tristan en llamas luego del ataque de los cazabombarderos de la Fuerza Aérea Argentina el 8 de Junio de 1982

Ataque a la Fragata HMS Plymouth

Zona de combate, Bahía Agradable 23 Km SO de Puerto Argentino.

Fragata HMS Plymouth F126
En la mañana del 8 de Junio, el tiempo sobre la isla Soledad estaba despejado y había informes de inteligencia sobre nuevos desembarcos británicos en la zona de Puerto Agradable.
Bahía Agradable, a 23 kilómetros al sudoeste de puerto argentino. un par de transportes estaban en aguas abiertas rodeados por un terreno plano que, obviamente, no brindaba defensas naturales contra ataques aéreos. Esta oportunidad de retrasar el avance británico era demasiado tentadora para ignorarla, pero la FAA era bien consciente de los estragos que los Sea Harrier podrían causar entre los caza-bombarderos a menos que pudieran ser temporariamente distraídos del área de Puerto Agradable.

La misión a Puerto Agradable era bastante simple en su concepción e inicialmente involucró al Grupo 5, el Grupo 6 y los Mirage del grupo 8 que reaparecerían sobre las Islas Malvinas por primera vez luego de varias semanas. Los Mirage simulando una misión de caza-bombarderos, harían una entrada de señuelo hacia la zona de San Carlos desde el norte, mientras que los Skyhawk y 6 Dagger, pocos minutos después, seguirían una ruta por el sur hacia Puerto Agradable.
El ataque a la fragata Plymouth

Los 6 Dagger, cada uno con una bomba de 1.000 libras, estaban divididos en 2 escuadrillas, “perro” y “gato”, y la misión estaba al mando del Capitán Rohde.
A los pocos momentos de iniciar la misión el Dagger del Primer Teniente Antonietti debió volver después de

que un ave rompiera su parabrisas.
Un Learjet del Grupo 1 fue asignado con ellos a manera de avión-guía. De esta manera fueron guiados hasta 70 millas del blanco.
Desde ahí, los 5 Dagger giraron al noroeste hacia el estrecho de San Carlos con la intención de virar luego al este para una corrida sobre Puerto Agradable desde el oeste. Fue en ese momento, mientras los Dagger volaban noroeste sobre el Estrecho, que la Fragata HMS Plymouth apareció al frente de ellos en solitario esplendor.
La fragata había abandonado la seguridad de la Bahía de San Carlos para una misión de apoyo naval de artillería y estaba navegando tranquilamente por el Estrecho cuando los Dagger la vieron. Al haber perdido el elemento sorpresa para su ataque a Puerto Agradable, la fuerza del Grupo 6 inmediatamente cambió su plan y convirtió a la HMS Plymouth en el objeto de su atención.

Después de sobrevolar hacia el norte efectuaron un amplio giro y entraron a la fragata. Los Dagger atacaron alineados por popa y, a pesar del fuego de 20 mm del buque y un lanzamiento de Seacat, pudieron bombardear a la Plymouth con considerable exactitud, pero con poca suerte. El buque fue alcanzado por el fuego de los cañones y 4 de los Dagger realmente impactaron sus bombas, las que golpearon limpiamente o después de haber rebotado en el mar.

Sorprendentemente ninguna explotó, pero la fragata fue dejada en llamas iniciadas por la explosión de una carga de profundidad. Fue muy afortunada de sobrevivir al ataque, el buque incendiado a duras penas logró llegar a la Bahía de San Carlos y ahí atender los considerables daños causados por el fuego para poder regresar al Reino Unido para someterse a reparaciones mayores.


Segundo ataque en Bahía Agradable

Mientras se ejecutaba el primer ataque, que confirmaba la presencia de los buques y sin saber aún los resultados del mismo, la FAS ordenó un segundo ataque contra los objetivos navales y como alternativa objetivos terrestres en la cabeza de playa establecimiento Fitz Roy. Estas escuadrillas se encontraban decolando al regreso de la primera oleada. Se había perdido ya el factor sorpresa, y eran esperadas por el enemigo que había reaccionado, y se encontraba patrullando esta área. Así salieron:
Tres A-4B Skyhawk, indicativo “Mazo”, armados con tres bombas retardadas por paracaídas. Misión: ataque objetivo naval y Fitz Roy. Tripulación (1) 1erTen Rubén Bolzán (C-204), (2) Alf Guillermo Dellepiane (C-239), (3) Ten Juan Arrarás (C-226). Despegaron de Río Gallegos, a las 15,00.
Tres A-4B Skyhawk, indicativo “Martillo” armados con tres bombas retardadas por paracaídas. Misión: ataque objetivo navaly establecimiento Fitz Roy. Tripulación: (1) 1erTen Oscar Berrier (C-212), (2) Alf Alfredo Vázquez (C-228), (3) 1erTen Héctor Sánchez (C-231). Despegaron de Río Gallegos, a las 15,00.

Ambas escuadrillas se encontraron en el reabastecimiento (“Parca”), en la posición prevista, nivel de vuelo 100. Eran las 15,45. Previo al reabastecimiento se volvió el “Martillo 1” por fallas técnicas (oxígeno), arribó a Río Gallegos a las 16,30 hs. Posterior al reabastecimiento retornó el “Mazo 2”, oscilación RPM. Quedó entonces la escuadrilla integrada por (1) 1erTen Rubén Bolzán, (2) Ten Juan Arrarás, (3) 1erTen Héctor Sánchez, (4) Alf Alfredo Vázquez. Arribaron rasante, por la costa sur de isla Soledad, cruzando chubascos; sobrevolaron la zona del objetivo material pasando al norte de Puerto Fitz Roy.
Recibieron nutrido fuego de artillería antiaérea. Siguieron, y vieron a su derecha los buques previamente atacados, humeantes en bahía Agradable, y sobrepasando los mismos, iniciaron viraje a la derecha, en contacto, ahora, con el radar Malvinas, que les indicó que el blanco se encontraba más al oeste de la posición de la escuadrilla.
Estaban ya sobre el agua, todavía al este de Bahía Agradable, cuando observaron un lanchón de desembarco que navegaba rápidamente hacia la costa. Entonces, el nº 3 (Sánchez) vio, a su derecha y arriba, a dos Harrier lanzando sus misiles. Uno impactó en el nº 4, Alf Vázquez, y explotó. El segundo impactó en el nº 2, Ten Arrarás, a quien se lo vio eyectarse. No fue recuperado.

También el nº 3 observó que el nº 1, 1erTen Bolzán, efectuaba su lanzamiento sobre un lanchón, Foxtrot 4, que fue alcanzado y se hundió; inició viraje a la izquierda, realizó bruscas maniobras evasivas, pero fue alcanzado por un misil Sidewinder y no pudo eyectarse. Entonces el Nº 3, 1erTen Sánchez, abortó su ataque y escapó de la persecución de los Harrier.
Llegó al punto de reabastecimiento con impactos de esquirlas de artillería antiaérea y luego, a las 18,00 hs, arribó a Río Gallegos.
Allí quedaron para siempre otros tres combatientes más como centinelas eternos.
El reabastecedor “Parca 1”, que había despegado de Río Gallegos a las 11,55 hs, luego de reabastecer al avión del 1erTen Sánchez, detectó una pérdida de combustible propia, e inició el regreso.

A las 17,45 hs y a 10 MN de Río Gallegos se declaró en emergencia, logró arribar a las 17,56 hs.
Cuatro A-4C Skyhawk, indicativo “Yunque”, armados con tres bombas retardadas por paracaídas Misión: ataque a objetivo naval en Fitz Roy. Tripulación: (1) Cap Mario Caffarati, (2) Ten Atilio Zattara, (3) Ten Daniel Paredi, (4) Alf Carlos Codrington. Despegaron de San Julián a las 15,36. Navegaron hacia el punto de reabastecimiento, donde reabastecieron del “Parca 2”. El nº 4 cargó 1.000 litros menos, por problemas en sus sistemas de combustible. Cuando arribaron a 100 MN de las islas, volando sobre tope de nubes medias y chaparrones aislados, descendieron a rasante. La visibilidad estaba reducida por bruma y hora crepuscular.
Adoptaron formación tendiente a la línea.
Escucharon llamados del CIC Malvinas, pero no contestaron.
Unas 5 MN antes del objetivo material, establecimiento Fitz Roy, el guía avistó al Sir Galahad, que ardía en su parte media.

RFA Sir Galahad totalmente destruido luego del ataque argentino
No avistaron PAC y el terreno se desdibujaba por falta de luz; pudieron ubicar el blanco por los fogonazos de la artillería antiaérea, (que era intenso desde el frente y costados). Efectuaron el lanzamiento en salva, cuando el equipo de navegación Omega del guía indicó el blanco, unos 1.000 metros dentro del terreno.

Escaparon bajo nutrida defensa antiaérea proveniente del establecimiento y de los cerros del norte. Al no tener crepúsculo de frente, se veían con nitidez los misiles, lo que facilitó la evasión.
Lamentablemente, el 3 y 4 no lanzaron sus bombas y se les trabaron los cañones.
En el regreso, el nº 3 avistó un avión enemigo que orbitaba a 4.000/5.000 pies, y continuó rasante por esta causa.
Logró conectar con el “Parca 2” que lo reabasteció. Él también tenía pérdida de combustible, razón por la cual siguió conectado al reabastecedor hasta próximo a la base.
Los “Yunques” arribaron a San Julián a las 18,00 el 1 y el 2; y a las 18,30 el 3 y el 4.
En este día ofrendaron su vida al servicio de la patria:
- Primer Teniente D. Danilo Rubén Bolzán
- Teniente D. Juan José Arrarás
- Teniente D. Jorge Alberto Vázquez

Mirage y Skyhawk al ataque!!!
Bluff Cove y Fitzroy se encuentran unos 8 km uno de otro a vuelo de pájaro, unidos por una corta huella y un puente que atraviesa una cala larga y estrecha. Las tropas argentinas habían hecho volar el puente, de manera que el 1º de Welsh Gards debió recorrer unos 32 km a pie para rodear la cala. “No estoy de acuerdo, dijo el oficial de mayor graduación de los Guardias, no llegaremos allí después de todas las idas y venidas de los días anteriores”. Suthby Tailyour insistió ante los Guardias para que bajaran a tierra y dejaran los buques hacerse de nuevo al mar, recomendación que finalmente fue aceptada. Pero debían desembarcar en primer lugar los médicos de la 5º Brigada y la 16º Ambulancia de Campaña que se encontraban también a bordo. Tenían una misión muy urgente, instalar un hospital de campaña. Además, Fitz Roy era el lugar donde debían encontrarse, lo que no era el caso para los Guardias.

El mismo día a las 13,00 hs, el 2º de Scots Guards tuvo una alerta aérea y vio aparecer aviones a los que tomaron por unos Harrier. En realidad dos Skyhawk y dos Mirage.
Los aparatos argentinos pasaron a baja altitud sobre Fitz Roy, con lo que tomaron a todos por sorpresa, y se lanzaron sobre los buques. Por primera vez la aviación argentina había acertado en atacar a los barcos que transportaban tropas.
Las bombas penetraron en los indefensos LSL y explotaron profundamente en el interior de las naves. Inmediatamente murieron algunos hombres, otros resultaron abrasados por los violentos incendios desencadenados por las bombas.

El pelotón de morteros del 1º Welsh Guards se encontraba a bordo del Sir Galahad con todos sus morteros y municiones, y fue así que sufrió los efectos del ataque.
Casi todos los hombres que se encontraban en cubierta resultaron quemados. El combustible de los grupos electrógenos Rapier se derramó, con lo que alimentaba aún más el incendio.
Se mantuvo el orden de la mejor manera posible. Cegados por el humo y por sus heridas, los hombres avanzaban titubeantes hacia las bordas de los buques. Se lanzaron los botes salvavidas y las balsas de caucho, que estuvieron listas sobre el agua en pocos segundos. A bordo del Sir Galahad, los enfermeros de la 16º Ambulancia de Campaña, muchos de ellos gravemente quemados, proporcionaron los primeros auxilios a los heridos.

Estos acontecimientos dieron lugar hasta la fecha a vivas controversias, siempre buscando una víctima propiciatoria, pero fueron muchos los factores que contribuyeron al desastre. Algunos dijeron que los Wesh Gards firmaron su propia suerte al negarse a dar la vuelta a la cala a pie.
El 8 de junio, los buques de desembarco Sir Galahad y Sir Tristram estaban desembarcando tropas en Bluff Cove, no lejos de Port Stanley. Toda la operación estaba programada para ser completada al alba, pero las tropas desembarcaron con retraso, un retraso fatal. Localizados por los vigías argentinos, los buques constituían un blanco tentador. Una vez más los Skyhawk del Grupo 5 atacaron rozando las olas e hicieron estragos entre los soldados, causando más de 50 muertos, aunque los Sea Harrier masacraron a los atacantes de regreso. Aquellas batallas aeronavales pusieron en evidencia la vulnerabilidad de muchos buques de guerra a los ataques aéreos y las terribles pérdidas sufridas por los pilotos frente a un enemigo bien entrenado.
Los Galeses del Sir Galahad
El 2º de Guardias Galeses habían lanzado su primera operación. El general Wilson le había dado la misión de destruir 2 cañones 105 mm y un emplazamiento de radar que se creía estaban en la zona de Port Harriet, pero en realidad se encontraban en Seal Point, casi en pleno sur de Puerto Argentino y mucho más allá de las líneas argentinas.
La misión confiada al pelotón de reconocimiento, que estableció una base de patrullaje a unos doce kilómetros al frente de Bluff Cove. Poco después de las últimas luces del crepúsculo, el 7 de Junio, se puso en marcha hacia su objetivo acompañado de un oficial observador de la batería de apoyo del batallón y de un destacamento de reconocimiento de ingenieros. Se dirigieron a Port Harriet House, que encontraron desocupada.
Dejaron una patrulla como punto de apoyo y el resto de la tropa partió en busca de los dos cañones, sin éxito. Sí se descubrió el emplazamiento del radar, que utilizaba el sistema israelí Rasset. La patrulla de Port Harriet House se encargó del radar durante la noche del 8 de Junio, mientras el grueso del pelotón regresaba a Bluff Cove. Pero la mañana del 8, una patrulla del SAS (Special Air Service, otro grupo especializado), que no dependía del comando del Batallón, llegó para operar en la zona.
Como no les fue asignada ninguna tarea inmediata y sus hombres estaban bien dispuestos, se decidió dejarlos en Port Harriet House para ayudar a arreglar la cuestión del emplazamiento de radar. Se intentó llevarle alimentos a la patrulla del 2º de Scots Guards por medio de dos Land Rover civiles, pero el vehículo que iba al frente pasó sobre una mina antipersonal justo antes de alcanzar la localidad.
Resultó dañada una rueda y fue necesario retirar los 2 vehículos, por lo que se decidió que el destacamento volvería a Bluff Cove.
Ahora bien, mientras se abría un camino a través de las minas, en Fitzroy, donde los LSL habían fondeado, se producía el desastre.
Era un hermoso día, lo que significaba que estaban bajo la amenaza de un ataque aéreo argentino. Los galeses, abordo del Sir Galahad, se encontraron ante un dilema ¿debían levar anclas y hacerse al mar para ponerse a salvo? ¿O debían continuar su movimiento sobre Bluff Cove y esperar que todo saliera bien?
Even Southby Tailyour, el comandante del Royal Marine que había confeccionado el mapa de la costa en 1978, se estremeció al ver los 2 navíos en Port Pleasant a la altura de Fitzroy. Subió a bordo del Sir Galahad para ver que estaba ocurriendo. Se había proyectado enviar esa nave a Bluff Cove, pero los LSL no podían utilizar el estrecho pasaje que conducía a la playa de desembarco prevista.
El Sir Galahad había ido pues a Fitz Roy, donde desembarcó los misiles Rapier que debían asegurar la protección aérea de las tropas que ya se encontraban en posición. Sin embargo, los Guardias no tenían intención de bajar a tierra más que en Bluff Cove y solamente por medio de las LCU.
Ataque a la Fragata HMS Plymouth
En la mañana del 8 de Junio, el tiempo sobre la isla Soledad estaba despejado y había informes de inteligencia sobre nuevos desembarcos británicos en la zona de Puerto Agradable. Un par de transportes estaban en aguas abiertas rodeados por un terreno plano que, obviamente, no brindaba defensas naturales contra ataques aéreos. Esta oportunidad de retrasar el avance británico era demasiado tentadora para ignorarla, pero la FAA era bien consciente de los estragos que los Sea Harrier podrían causar entre los caza-bombarderos a menos que pudieran ser temporariamente distraídos del área de Puerto Agradable.
La misión a Puerto Agradable era bastante simple en su concepción e inicialmente involucró al Grupo 5, el Grupo 6 y los Mirage del grupo 8 que reaparecerían sobre las Islas Malvinas por primera vez luego de varias semanas. Los Mirage simulando una misión de caza-bombarderos, harían una entrada de señuelo hacia la zona de San Carlos desde el norte, mientras que los Skyhawk y 6 Dagger, pocos minutos después, seguirían una ruta por el sur hacia Puerto Agradable.

Los 6 Dagger, cada uno con una bomba de 1.000 libras, estaban divididos en 2 escuadrillas, “perro” y “gato”, y la misión estaba al mando del Capitán Rohde.
Al pocos momentos de iniciar la misión el Dagger del Primer Teniente Antonietti debió volver después de que un ave rompiera su parabrisas.
Un Learjet del Grupo 1 fue asignado con ellos a manera de avión-guía. De esta manera fueron guiados hasta 70 millas del blanco. Desde ahí, los 5 Dagger giraron al noroeste hacia el estrecho de San Carlos con la intención de virar luego al este para una corrida sobre Puerto Agradable desde el oeste. Fue en ese momento, mientras los Dagger volaban noroeste sobre el Estrecho, que la Fragata HMS Plymouth apareció al frente de ellos en solitario esplendor.
La fragata había abandonado la seguridad de la Bahía de San Carlos para una misión de apoyo naval de artillería y estaba navegando tranquilamente por el Estrecho cuando los Dagger la vieron. Al haber perdido el elemento sorpresa para su ataque a Puerto Agradable, la fuerza del Grupo 6 inmediatamente cambió su plan y convirtió a la HMS Plymouth en el objeto de su atención.

3 de los aviones, que volaban al frente y con rumbo sudoeste, vieron a los 2 barcos de flanco, paralelos entre ellos y paralelos a la costa, uno un poco más adelantado que el otro.
Efectuaron un amplio giro y entraron a la fragata. Los Dagger atacaron alineados por popa y, a pesar del fuego de 20 mm del buque y un lanzamiento de Seacat, pudieron bombardear a la Plymouth con considerable exactitud pero con poca suerte.
Desde unas elevaciones próximas a la playa lanzaron un misil. Milagrosamente, pasó entre el número 1 y el número 2. Seguramente un Blow Pipe.
Los 3 primeros aviones entraron en la corrida final hacia los buques. El guía apuntó al que estaba más al norte y, a pocos metros lanzó sus bombas. El número 2 vio los impactos en el agua, a 10 o 15 metros del casco, como correspondía por el tipo de bombas y espoletas. Habían dado impecablemente en el blanco. A su vez, en el momento justo, apretó el disparador de las suyas, y casi simultáneamente oyó en los auriculares:
-Se fueron largas!

Creyó que eran sus bombas; pero no. El número 3, que volaba a su izquierda, se había adelantado ligeramente y su lanzamiento fue anterior. Las bombas largas eran del número 3, que después de pasar por encima del buque rebotaron en el agua, subieron a la playa, hicieron impacto contra los vehículos y pertrechos amontonados y explotaron en medio de la tropa provocando un pandemónium en medio del desembarco de la costa.

El 4 y el 5, que iban algo rezagados, al ver los impactos en el primer buque, decidieron instantáneamente atacar al de atrás. Se abrieron con viraje a la izquierda volvieron a cerrar a la derecha y apuntaron a la segunda nave.
Lanzó las bombas el 4 e hizo impacto. El 5 arrojó sus bombas y pensó que habían caído cortas. Cuando pasó frente al buque observó cierta cantidad de humo, producidos por los estallidos de los iniciadores de las espoletas, que tardarían todavía unos segundos más en provocar las tremendas explosiones de las cargas principales de las bombas.
El buque fue alcanzado por el fuego de los cañones y 4 de los Dagger realmente impactaron sus bombas, las que golpearon limpiamente o después de haber rebotado en el mar.

Sorprendentemente ninguna explotó, pero la fragata fue dejada en llamas iniciadas por la explosión de una carga de profundidad. Fue muy afortunada de sobrevivir al ataque, el buque incendiado a duras penas logró llegar a la Bahía de San Carlos y ahí atender los considerables daños causados por el fuego para poder regresar al Reino Unido para someterse a reparaciones mayores.
El día más negro de La Flota
El relato en video de los protagonistas de esta Gesta Histórica
https://vimeo.com/33574825
https://www.youtube.com/embed/5SqYEsBZAF0
Acciones aeronavales en Bahía Agradable

Una vez establecida la cabeza de playa en San Carlos, las fuerzas británicas iniciaron su inexorable avance terrestre, teniendo como objetivo final a Puerto Argentino. En esta marcha hacia la capital se cometerían una cadena de errores que derivarían en el desastre de Bahía Agradable.
Con el avance del 2 Regimiento Paracaidista hasta Fitz Roy, las fuerzas británicas estaban exigiendo hasta el límite a sus líneas logísticas, exponiéndose a una posible respuesta terrestre argentina. Ante la imposibilidad de reforzar rápidamente a los paracaidistas por vía aérea o terrestre, la única posibilidad era efecturalo por medios navales. Este movimiento demandaría a los buques de transporte exponerse a distintas amenazas.
Esta compleja situación fue considerada por los mandos de la 5 Brigada como una oportunidad para desplazar a sus soldados, los cuales de esta manera tomarían participación del avance final contra Puerto Argentino. Serían los Batallones de Guardias Galeses y Escoceces los encargados de llevar a cabo esta misión, debiendo establecer posiciones en Bahía Agradable.
El plan diagramado por el General Mayor Moore y el Comodoro Clapp incluía la participación de uno de los buques anfibios LPD con el apoyo de sus lanchones LCU para el desplazamiento de los guardias galeses y escoceses. Se esperaba que también deberían participar 1 o 2 buques de transporte LSL de la clase Roundtable, encargados del transporte de material logístico. El plan requería de una perfecta coordinación para tener éxito, algo que no terminaría de suceder por distintos factores: la meteorología, la falta de comunicación y de medios, errores en la ejecución y, por supuesto, el accionar de los cazabombarderos de la Fuerza Aérea Argentina.

Inicialmente, el transporte de tropas lo realizaría el HMS Intrepid L-11, utilizando sus cuatro lanchones de desembarco para trasladar a los guardias escoceces y galeses a sus puntos asignados. Por su parte, el transporte RFA Sir Tristam L3505 debería arribar con el sistema de defensa aérea Rapier, personal sanitario del 16 Field Ambulance así como alimento, munición y combustible. El material restante sería trasladado por el RFA Sir Galahad L3005, una vez que los guardias galeses estuvieran en tierra y luego de que se terminara de descargar al Tristam.
Sin embargo, el plan comenzó a marchar mal desde su inicio: El Intrepid desplegó sus LCU lejos del punto convenido, quedando expuestos los soldados escoceses no solo a las inclemencias de mar y la meteorología, sino también a la falta de comunicación entre las unidades navales británicas en la zona: en un momento, los lanchones fueron detectados y posteriormente iluminados por HMS Exeter D-89 y por la HMS Yarmouth F-101, aunque sin consecuencias gracias a que lograron ser identificados como tropa propia. Arribarían a Bahía Agradable a las 0800, para sorpresa de los paracaidistas.
Mientras tanto, el Sir Tristam enfrentaba sus propios dilemas al ser incapaz de realizar la carga de Rapier y de personal sanitario. Arribaría a Fitz Roy el 7 de junio, comenzando la descarga con el mexeflote y el único lanchón disponible. Por su parte, el RFA Sir Galahad logra embarcar personal y material en San Carlos: más de 400 soldados junto a los esperados Rapier y al personal del 16 Field Ambulance. Pese al pedido de su capitán de quedarse una noche más en San Carlos, recibe la orden de iniciar la navegación lo antes posible.
El Sir Galahad arribaba a destino a las 0700 del 8 de junio ante la alarmada mirada de varios presentes ya que el día que prometía contar con una mejora en las condiciones metereológicas, incrementando el riesgo de ataques aéreos (algo que el Galahad ya había experimentado en carne propia el 23 de mayo). Para colmo de males, la descarga se vería ralentizada debido a que el único lanchón tenía dañada su rampa. Pese a que se lograría transportar uno de los Rapier a tierra, el sistema estaba imposibilitado de operar eficazmente por lo que la defensa aérea recaería en los Sea Harrier en misión de patrulla de combate aéreo. De acuerdo con algunas fuentes, los cazas abandonaría su posición luego de que no se les notificara la demora aunque otros atribuyen su ausencia debido a que tuvieron que interceptar aeronaves enemigas…que habrían sido señuelos.
Casi sin defensas y en una posición vulnerable, ambos buques se presentaban como objetivos más que tentadores.
Arremeten los Dogos y Mastines

Con la información de la presencia de buques enemigos en Bahía Agradable, la respuesta de la Fuerza Aérea Argentina no se haría esperar: Desde Río Gallegos despegan ocho A-4B Skyhawks del Grupo 5 de Caza, cada uno de ellos armados con tres bombas de 250kg.
Por un lado, los MASTÍN, integrados por el lerTen Alberto Filippini (C-250), el Ten Daniel Gálvez (C-214), el Ten Vicente Autiero (C-237) y el Alf Hugo Gómez (C-230). Se le suman los DOGO, escuadrilla compuesta por el Cap Pablo Carballo, el Ten Carlos Rinke, el 1erTen Carlos Cachón y el Alf Leonardo Carmona.
Las escuadrillas decolan y enfilan para el KC-130H Hércules TC-69, indicativo PARCA, con una tripulación integrada por el Vcom Alfredo Cano, Cap Juan Hrubik, Vcom Eduardo Servático, SM Salvador Giliberto, SM Guillermo Aguirre, SAux Eduardo Fattore, SA Néstor Molina, SP Roberto Caravaca. En ese trayecto, Filippini, Autiero y Carballo deben retornar por novedades en sus Skyhawks.
Una vez realizado el reabastecimiento en vuelo, quedan constituidas dos secciones de tres y dos aviones respectivamente. En rasante y ante meteorología desfavorable en ocasiones, los Skyhawk se lanzan sobre la zona donde se presumía la presencia de los objetivos. En ese trayecto, divisan helicópteros Lynx y Sea King así como concentración de tropa, la cual responde a la presencia de los Halcones con fuego AAA y lanzamiento de misiles.

Finalmente el “Diablo” Gómez divisa los buques, poniendo proa hacia el Sir Tristam y Sir Galahad. Los DOGO se concentrarían sus lanzamientos sobre el Galahad, logrando impactos directos en el transporte. Las bombas provocaría un incendio casi inmediato al alcanzar alijos de combustible, tornando al Galahad en una trampa mortal para los soldados y tripulantes a bordo.
Acto seguido, son los dos MASTÍN los que entran en acción, dirigiendo su atencion al Sir Tristam, en el cual logran impactos. Una vez finalizado el ataque, los Mastines y Dogos emprenden el retorno, “buscando agua”.
El turno de los Perro y Gato

Con similar objetivo, desde Río Grande decolan seis Dagger armados cada uno con dos bombas BRP de 250kg. Los PERRO, compuesta por el Cap Carlos Rohde, el 1erTen José Gabari y el lerTen Jorge Ratti y los GATO, integrada por el Cap Amílcar Cimatti, el My Napoleón Martínez y el Ten Carlos Antonietti. Los cazabombarderos serían secundados por un Lear Jet del Escuadrón Fénix, indicativo LIBRA (Cap Miguel Arques, Ten Enrique Felice) teniendo como misión el guiado de ambas secciones.
Una vez en vuelo, Antonietti debe retornar por novedad, enmprendiendo las demás aeronave vuelo hasta zona del objetivo. En aproximación, divisan una fragata que navegaba a alta velocidad, ingresando a una bahía. Los cinco Dagger maniobran para atacar a la HMS Plymouth F-126, desde tierra hacia el agua, apreciando como el buque iniciaba su defensa con fuego AAA. Los Perro y Gato atacan al buque con fuego de cañón y bombas, logrando impactos. Para fortuna del buque, las bombas no explotarían pero si provocarían daños en la estructura, en el cañón, en el mortero antisubmarino Mk.10 y en su pañol de municiones.

La caída de tres Halcones
Ante la posibilidad de que se estableciera y afianzara una nueva cabeza de playa, la FAS ordena un nuevo empleo en la zona dr Bahía Agradable, tomando los riesgos de que ya se había perdido el factor sorpresa y que el enemigo estaría alertado.
Desde Río Gallegos despegan los MAZO y MARTILLO, en total seis A-4B Skyhawks cada uno de ellos armados con tres bombas. A los mandos estaban el lerTen Rubén Bolzán (C-204), el Alf Guillermo Dellepiane (C-239) y el Ten Juan Arrarás (C-226) mientras que los Martillo eran el lerTen Oscar Berrier (C212), el Alf Alfredo Vázquez (C-228) y el lerTen Héctor Sánchez (C-231). Decolaron a las 15:00 para rebastecer del KC-130H PARCA. Por novedades deben retornar Dellepiane y Berrier.
Según lo mencionado en la obra “La Historia de la Fuerza Aérea Argentina”, los Skyhawks “…arribaron rasante, por la costa sur de isla Soledad, cruzando chubascos; sobrevolaron la zona del OM pasando al N de puerto Fitz Roy. Recibieron nutrido fuego de AAe. Siguieron, y vieron a su derecha los buques previamente atacados, (humeantes en bahía Agradable), y sobrepasando los mismos, iniciaron viraje a la derecha, en contacto, ahora, con el radar MLV; que les indicó que el blanco se encontraba más al O de la posición de la Ella.
Estaban ya sobre el agua, todavía al E de bahía Agradable, observaron un lanchón de desembarco que navegaba rápidamente hacia la costa. Entonces, el N° 3, (Sánchez), vio, a su derecha y arriba, a dos Harrier lanzando sus misiles. Uno impactó en el N° 4, (Alf Vázquez), y explotó. El segundo impactó en el N° 2, Ten Arrarás, a quien se lo vio eyectarse. No fue recuperado. También el N° 3 observó que el N° 1, (lerTen Bolzán), efectuaba su lanzamiento sobre un lanchón, (Foxtrot 4, que fue alcanzado y se hundió), inició viraje a la izquierda, realizó bruscas maniobras evasivas, pero fue alcanzado por un misil Sidewinder y no pudo eyectarse.
Entonces el N° 3, (lerTen Sánchez), abortó su ataque y escapó de la persecución de los Harrier. Llegó al REV; con impactos de esquirlas AAe y, luego, a GAL, donde arribó a las 18:00 hs…”
En esta acción, 3 Halcones del G5C pasan a la inmortalidad en cumplimiento de su deber: el Primer Teniente José Arrarás, el Primer Teniente Danilo Rubén Bolzán y el Alferez Jorge Alfredo Vázquez.

Consecuencias
El ataque del 8 de junio resultaría un desastre para las fuerzas británicas, tanto por su impacto en el material como en sus recursos humanos: a bordo del Galahad y Tristam fallecerían 49 soldados y tripulantes, sufriendo heridas de diversa consideración otros 115 hombres. El Sir Galahad resultaría una perdida total, siendo hundido el 24 de junio por un submarino de la Royal Navy. El Tristam lograría ser reacondicionado.
En cuanto al ataque de los Mazo y Martillo al lanchón, en el mismo perderían la vida 6 tripulantes del LCU, destruyéndose valioso material de comando y control que se encontraba en 5 Land Rover.

Guerra de Malvinas: un aviador cordobés y un paramédico británico reviven la tragedia del 8 de junio
Por Mariano Iannaccone
El ataque de la aviación argentina en Bahía Agradable (Fitz Roy y Bluff Cove); las vivencias de Mario Caffaratti, piloto villamariense, y Thomas Navin, miembro del cuerpo médico del Ejército Real británico. El recuerdo del horror y su respeto mutuo hoy, expresado en una historia que conmueve.

A 39 años de la guerra de las Malvinas, el recuerdo de una de las jornadas más candentes del conflicto.
Una tragedia se define como una situación o suceso luctuoso y lamentable, que afecta a personas o sociedades humanas.
Genuinamente, lo que pasó el 8 de junio de 1982 durante la guerra entre Argentina y Gran Bretaña por la soberanía de las islas Malvinas fue una tragedia, como el conflicto mismo.
Lo fue desde el punto de vista humano, que es el que trasciende; el que reina finalmente en el corazón y en el alma de los hombres que han vivido una guerra. El mismo sentido humano que enaltece el sacrificio de quienes cayeron cumpliendo con sus convicciones; la mayoría de ellos, muy jóvenes.
Más de medio centenar de muertos y, al menos, 150 heridos, fue el tristísimo saldo de un certero ataque de la Fuerza Aérea Argentina a tropas del Reino Unido, que se encontraban desembarcando en un paisaje de ensueño, como es cualquier paraje de las islas del Atlántico Sur, al que sus habitantes (que manifiestan su voluntad de ser británicos) llaman Falklands.
Aquel día, aquel martes 8 de junio del ’82, Bahía Agradable, una entrada natural de mar en la costa entre Fitz Roy y Bluff Cove, a unos 20 kilómetros al sudoeste de la capital del archipiélago -hacia donde avanzaban las fuerzas del Reino Unido- primero tembló. Después, se tiñó de sangre.
Sucesivas oleadas de aviones de las distintas brigadas de la Fuerza Aérea Argentina, que despegaron respectivamente desde las bases de Río Grande, Río Gallegos y San Julián, bombardearon dos buques de la Real Flota Auxiliar, que transportaban efectivos de la Guardias Galesa, Escocesa y también del 7° Regimiento de Fusileros Gurkhas “Duque de Edimburgo”: el RFA Sir Galahad (L3005) y el RFA Sir Tristam (L3505).

El buque Sir Galahad, en llamas. Transportaba principalmente a efectivos de la Guardia Galesa, además de vehículos de combate, logísticos y municiones. Tenía 15 años de antigüedad; su casco fue remolcado por el submarino HMS Onyx mar adentro hasta su reposo final, declarado Tumba de Guerra por el Ministerio de Defensa británico 20 años después del conflicto. BBC | BBC
Las explosiones y los incendios posteriores en cada uno de los barcos provocaron 48 muertos en el Galahad y dos en el Tristam. Los numerosos heridos presentaban, principalmente, quemaduras de gravedad. Ese mismo día, en otros escenarios de la guerra, se producían mientras tanto más bajas en ambos bandos.
Memorias de horror y valentía
Thomas Navin, paramédico -en ese momento de 18 años- que estaba embarcado en el Galahad, le brindó a Vía Córdoba su testimonio. “Me encontraba en un alojamiento al lado de la bodega, que estaba lleno de municiones, junto al pelotón de morteros de la Guardia Galesa y partes de nuestra Unidad del Cuerpo Médico del Ejército Real. Sentí el terremoto del barco, escuché un terrible ruido dos veces. Intentamos salir inmediatamente, pero no pudimos, ya que había un gran agujero en el lugar donde debían estar las escaleras”.
Navin, nacido en Manchester, continúa relatando: “Giramos a la derecha y abrimos las puertas de la bodega, justo donde las bombas estaban explotando. Algunos muchachos pasaron por delante de nosotros en llamas. Los seguimos y trepamos por donde las escaleras habían sido voladas antes de llegar a cubierta. Nos costó bastante tiempo poder escapar; estaba oscuro y pasaron muchas cosas”.

Thomas, en 2012 de regreso a las Malvinas, en el 30° aniversario de la guerra. junto a una placa conmemorativa en el Red & Green Life Machine Field Hospital (el hospital de campaña en el que trabajó después del trágico suceso del 8 de junio). El lugar, un antiguo frigorífico, permanece en ruinas. Thomas Navin | Gentileza Thomas Navin
Del recuerdo de aquellos momentos de tragedia, emerge ahora lo que más conmovió a Thomas en esas horas y en las posteriores: “Lo viví en la bodega, cuando creí que no iba a escapar. Y pensé en mi familia. Fue más aceptación que miedo. Las vidas que se perdieron me entristecieron. Quiero recordar a algunos de nuestros muchachos caídos: Scouse, con quien me había ido de franco en un tren rumbo a casa; Kenny Preston, que era un muchacho muy agradable; y Roger Nutbeam, el segundo al mando de la unidad y, en cierta forma, una figura paterna para todos nosotros. Volviendo a aquel momento, sabía que teníamos que continuar intentándolo o no sobreviviríamos”.
Cuando finalmente pudo salir, Navin comenzó a trabajar de manera incesante en la evacuación de heridos, que eran transportados hasta la costa en helicópteros. “Así, hasta que en un momento, me di vuelta y el barco ya estaba vacío. Fui el último en dejarlo. Bajé a una balsa salvavidas, con la que llegamos hasta la costa”.

Navin (a la izquierda, próximo al hombre de barba), luego de dejar el Sir Galahad, en una de las balsas salvavidas y junto con sus camaradas sobrevivientes.ITN | ITN
A pesar de su denodado esfuerzo en las tareas de evacuación, que sirvieron para salvar muchas vidas, Thomas no recibió ninguna condecoración tras el conflicto. “Solo un médico fue condecorado. Vi muchos actos valientes, que deberían haber sido reconocidos, pero lamentablemente no se los distinguió. Me rompe el corazón que tantos hombres valientes no hayan sido reconocidos por anteponer la vida de los demás a la suya propia”, confiesa.

El buque Sir Tristam, fotografiado un año después de finalizada la guerra. Para el historiador militar británico Ricky Philips, lo que sucedió el 8 de junio del ’82 “se podría haber evitado fácilmente. El hecho de que las tropas permanecieran sin desembarcar tanto tiempo permitió que la aviación argentina fuera alertada y atacara. Fue algo previsible”.Ken Griffiths | Ken Griffiths
Después del ataque del 8 de junio, Navin trabajó intensamente en el hospital de campaña que el Ejército británico había montado en Bahía Ajax (en las proximidades de San Carlos, donde tuvo lugar la mayor operación de desembarco de tropas dos semanas antes, el 21 de mayo). En las viejas instalaciones de una planta frigorífica, el hospital, bautizado “Red and Green Life Machine” (Máquina de vida roja y verde, por el color de las boinas que llevaban respectivamente los paracaidistas y los comandos de su Ejército) se atenderían heridos tanto británicos como argentinos. “Todos, de acuerdo con su estado. Se les daba prioridad según su gravedad no su nacionalidad”, rememora Thomas.
“Por qué no se va un poco a la mierda…”
Mario Jorge Caffaratti nació en Villa María y se formó como piloto de la Fuerza Aérea Argentina en la Escuela de Aviación Militar, ubicada en la ciudad de Córdoba. Destinado en la IV Brigada Aérea, con asiento en Mendoza, participó como jefe de escuadrilla en numerosas misiones durante la guerra de las Malvinas. Él y sus hombres volaban aviones A4-C Skyhawk (de fabricación estadounidense y adquiridos por Argentina en los años ’60), desde la base localizada en San Julián, provincia de Santa Cruz.

Caffaratti, 20 años después de la guerra, junto a uno de los aviones exhibidos por la Fuerza Aérea y que tomaron parte de las acciones. Tras el conflicto del ’82, el oficial cordobés continuó con su carrera militar hasta su retiro.Gentileza Jorge Caffaratti
Antes del 8 de junio, Caffaratti había recibido una de las órdenes más controversiales del conflicto y que llegó a poner en serio riesgo el prestigio de la misma Fuerza Aérea Argentina; una directiva que de haberse cumplido, seguramente hubiese provocado una condena internacional a la institución. El 28 de mayo, se le ordenó junto a su escuadrilla bombardear el buque hospital británico Uganda; ciertos rumores indicaban que en vez de para hospital al navío se lo empleaba para transporte de tropas y municiones. Pero era un rumor, nada cierto; y sin dudas, el ataque a un barco identificado como hospital hubiese representado una violación de la Convención de Ginebra, referida a las leyes de la guerra.
“Pasadas las 14 horas del 28 de mayo, sobrevolamos el Uganda. Lo reconocí por sus cruces rojas, que lo identificaban claramente como buque hospital. Ordené a mis hombres que no descargaran sus bombas. Recién me quedé tranquilo cuando escuché decir por radio a cada uno de mis pilotos ´¡Frío!´ (lo que significaba que no habían soltado sus cargas explosivas)”. Caffaratti y los demás pilotos de su escuadrilla vivían todo esto a casi mil kilómetros por hora, a muy baja altura, para no ser detectados por los radares enemigos.
Desde el comando, al aviador villamariense se le insistió en cumplir la orden. Y el aviador cordobés desobedeció. “Al aterrizar, fui cuestionado por un superior”, recuerda.
-¿Qué le respondió usted?
-Por qué no se va un poco a la mierda…
Las horas pasaban. Los días pasaban. La guerra seguía. Las fuerzas británicas habían logrado consolidar primero su cabeza de playa en San Carlos; del 27 al 29 de mayo, habían vencido en la batalla de Darwin-Goose Green; y ahora, cercaban la capital de las islas desde los montes aledaños, con el desenlace de la guerra cada vez más cerca.
El 8 de junio, después de los ataques que provocaron las explosiones y los incendios en los barcos Sir Galahad y Sir Tristam, Caffaratti comandó la última oleada de aviones argentinos sobre Fitz Roy y Bluff Cove. “Despegamos a las 15.36 desde San Julián. Después de reabastecer en vuelo, llegamos a las Malvinas. Nuestro objetivo ya no eran los barcos, a los que distinguimos incendiándose en Bahía Agradable; eran las tropas desembarcadas y sus pertrechos. Por eso, se nos colocaron bombas con espoleta SSQ (Super Super Quick). En el mismo momento en que tocaban algo, explotaban. Realmente, peligrosas para nosotros mismos también. Porque las esquirlas pueden alcanzar al mismo avión antes de que se aleje lo suficiente”.

Caffaratti, durante un reabastecimiento en vuelo, en el marco de una misión en mayo del ’82. El 8 de junio de ese año, durante el ataque en Bahía Agradable, fueron abatidos por aviones Harrier británicos los pilotos argentinos Juan José Arrarás, Danilo Rubén Bolzán y Jorge Alberto Vázquez.Gentileza Jorge Caffaratti
Junto a los tenientes Atilio Victorio Zattara y Daniel Alberto Paredi, y al alférez Carlos Andrés Codrington, Caffaratti alcanzó el lugar ya prácticamente de noche. Arrojaron todos juntos sus bombas (tres por avión, sumando así un total de 12).
“Jamás, en estos 39 años, supe si explotaron o qué pasó. Las lanzamos y escapamos rumbo al continente. Puede haber sucedido tres cosas: o explotaron todas, o algunas o ninguna”.
-¿Usted qué preferiría que haya pasado?
-Estábamos en guerra. Se supone que uno sale a cumplir una misión. Hoy, cuando pasaron casi 40 años, lo que anhelo es que no hayan explotado. Por las vidas que podrían haberse perdido.
Thomas Navin y Mario Caffaratti se encuentran, se comunican, a través de esta nota de Vía Córdoba, que los invita a intercambiar algunas palabras. Ambos coinciden plenamente en lo que expresan: “Sinceros saludos y respeto para un camarada de guerra. Y el recuerdo y homenaje a los caídos. De ambos lados”.

El monumento que recuerda a los caídos británicos en Bluff Cove. Se encuentra exactamente donde sucedió aquella triste jornada de 1982. BBC | Twitter
Malvinas, la historia detrás de los médicos y enfermeras que también dieron su batalla
Por Redacción DEF
DEF conversó con Rubén Cucchiara, Manuel Villegas y Silvia Barrera para conocer en profundidad sus memorias y saber sobre las heridas que debieron atender en el campo de batalla en los tiempos de la guerra.
Además de haber sido la experiencia bélica más importante que tuvo Argentina en el siglo XX, la guerra de Malvinas fue mucho más que eso y en ella conviven cientos de historias anónimas que reflejan lo vivido.
En un nuevo video de YouTube, DEF tuvo acceso a historias de médicos y del personal de sanidad que fue parte de la guerra y que brindó su ayuda para traer a los veteranos de regreso al continente argentino.

El doctor Cucchiara y una imagen que refleja la habilidad de los médicos para atender a los heridos en tiempos de guerra. Foto: Gentileza Cucchiara.
Detalles sobre el trabajo de Sanidad en Malvinas
En 2017, el coronel médico del Ejército Rubén Cucchiara participó de un congreso organizado por el Instituto Argentino de Historia Militar y, en aquella oportunidad, brindó detalles sobre el trabajo de la sanidad en Malvinas. Entre algunos de los datos que mencionó, se destacaba que la Doctrina de Sanidad vigente en el año 1982 había sido publicada en 1966. También, explicó que aquella publicación había sido clave, puesto que se establecieron las bases doctrinarias para la conducción del servicio de sanidad en todos los niveles de las Fuerzas Terrestres del Teatro de Operaciones. Las capacidades, limitaciones, relaciones, la organización y las misiones del servicio sanitario en diversas situaciones tácticas fueron precisadas por Cucchiara en ese congreso.
Cabe aclarar que, dentro del Ejército Argentino, el Teatro de Operaciones estaba organizado en cuatro escalones de comando: unidad, brigada, cuerpo de Ejército y el Ejército como un todo. Incluso, cada unidad contaba con una sección de sanidad que disponía de un oficial médico, de dos a cinco suboficiales enfermeros y alrededor de 20 soldados.

“El combatiente sabe y espera tener en la sanidad a aquel que lo reconforte, que lo cure o que lo ayude en el último momento de su vida dándole una mano”, dice Juan Cucchiara. Foto: Fernando Calzada.
De abril a junio de 1982, en el Hospital Militar de Puerto Argentino, se atendió más de una decena de patologías. Algunos datos más: en el Centro Interfuerzas Médico, el total de pacientes atendidos fue de casi 2000; además, más de 600 pacientes fueron evacuados por vía aérea y cerca de 60 tuvieron que ser atendidos en los buques hospitales Irízar y Bahía Paraíso.
Historias de la Guerra
“Los médicos en el conflicto participamos desde, quizás, de antes de que empiece hasta el final y, a veces, nos transformamos un poco en el referente de esperanza que tiene todo combatiente”, dice Cucchiara y cuenta que los combatientes esperan encontrar en los médicos y los enfermeros a quienes les puedan brindar ayuda en momentos críticos. Respecto a esto último, relata que durante los últimos días del conflicto, y como prisionero de guerra, le tocó coincidir con otro soldado argentino que estaba llorando y que, cuando lo vio, sintió cierto alivio: “mirando para atrás, me doy cuenta de que si tuviera que resumir qué es lo que yo hice, en ese hecho se plasmó un poco lo que hace la sanidad”.

“Tenemos que trabajar para tratar de mantener la historia viva de Malvinas. Creo que es una obligación de todo veterano de guerra tratar de contar su historia en todos lados”, dice Silvia Barrera. Foto: Fernando Calzada.
Otro testimonio que describe el trabajo de los médicos en la guerra es el del sargento ayudante (retirado) Manuel Villegas, quien, con el grado de sargento, fue a Malvinas con el Regimiento de Infantería 3. Orgulloso de sus soldados, relata que el 13 de junio de 1982 debieron realizar un contraataque sobre Wireless Ridge a fin de reforzar las posiciones del Regimiento 7.
Sin embargo, lo que nunca imaginaron es que no había comunicaciones y que se había dado la orden de abandonar el lugar. Villegas cuenta que no tomó conciencia de la gravedad de su herida hasta mucho tiempo después. Horas más tarde, cuando despertó de la anestesia y fue testigo de la entrada de los ingleses al hospital, su cara de asombro fue tal que un enfermero se le acercó para decirle que ya había terminado la guerra con la rendición.

Las historias detrás de los médicos y del personal de sanidad que trabajó en Malvinas. Foto: Eduardo Farré.
Otra historia es la de la instrumentadora quirúrgica Silvia Barrera, que estuvo arriba del ARA Almirante Irízar. A los 23 años, se embarcó como voluntaria para ir a Malvinas. Ella es una de las tantas mujeres que trabajó en sanidad durante la guerra y cuenta que uno de los casos que más la marcó fue uno en el que, arriba del Irizar, tuvo que atarse a un soldado herido para poder practicarle una intervención quirúrgica: “operamos a un paciente que estaba en muy grave estado. Justo nos tocó una noche en que el mar estaba bravo, así que nos tuvimos que atar al paciente con vendas de gasa el cirujano, la ayudante, la anestesista y yo, todos atados al paciente para movernos todos al mismo tiempo y poder hacer la cirugía”.
Sobre el deber de los veteranos en el presente, Barrera dice: “Tenemos que trabajar para tratar de mantener la historia viva de Malvinas, que no se distorsione la historia con los que realmente fuimos. Creo que es una obligación de todo veterano de guerra tratar de contar su historia en todos lados, en todo lo que se pueda: radios, reportaje escrito, para que esa historia no se vaya distorsionando. Y ahora, que estamos vivos, también que la gente conozca quienes son los más condecorados y quienes hicieron actos de arrojo, como hicieron los patriotas en otras fechas y en otras batallas, ¿no?”
Ataque al petrolero norteamericano “Hércules”

El 8 de junio de 1982, el mismo día en que la Task Force sufría el estrepitoso descalabro de Bluff Cove, tuvo lugar uno de los hechos más extraños y controvertidos de la guerra.
Cerca de las 12,15 hs, el supertanquero “Hércules”, un gigantesco buque cisterna norteamericano de 220.000 toneladas de desplazamiento, 250 metros de eslora y una manga superior a los 50 metros, navegaba hacia el Cabo de Hornos proveniente de la costa este de los EE.UU.
La gigantesca embarcación había hecho escala en las islas Vírgenes, en pleno mar Caribe, donde se detuvo a descargar sus tanques de petróleo en las refinerías Amerada Hess.
Según el acuerdo firmado en Nueva York, la petrolera contrató los servicios de la United Carriers Inc., corporación estadounidense con sede en Liberia, propietaria de la gigantesca embarcación, para transportar petróleo crudo desde el oleoducto Trans-Alaska en Valdez, hasta su refinería en las islas Vírgenes, donde debía descargarlo.
El buque inició su viaje de regreso el 25 de mayo, cerca del mediodía, bajo el mando del capitán italiano Renzo Bataliari, llevando a bordo una tripulación de medio centenar de hombres.
Como el calado de esas embarcaciones les impedía cruzar el Canal de Panamá, la travesía se hacía a través del Cabo de Hornos, bordeando el litoral americano hacia el extremo sur, por el océano Atlántico y remontando por el Pacífico hasta su destino final.
El gigantesco VLCC (Very Large Crude Carrier) que, como toda unidad de la reserva naval estadounidense, ostentaba bandera liberiana (bandera de conveniencia), hizo una primera escala en Río de Janeiro para reabastecerse de combustible, agua y provisiones.
Pasado el mediodía de aquel 8 de junio, cuando se encontraba a 600 millas de náuticas de la Argentina y 500 de las islas Malvinas (46º S/49º O), el capitán Bataliari procedió a elaborar el informe de rutina dirigido a Buenos Aires, detallando su ubicación, nombre del buque, call sign internacional, registro, velocidad, curso y descripción del viaje.
Por entonces, pocos buques se aventuraban por las agitadas aguas del Atlántico Sur, entre ellos mercantes y petroleros norteamericanos y algún otro de origen ruso. Por esa razón, Estados Unidos tenía al tanto a los gobiernos de Argentina y Gran Bretaña de los buques de su bandera y de todos aquellos con enseña liberiana (es decir, buques americanos bajo banderas de conveniencia) los cuales, en esos momentos, atravesaban el Atlántico Sur, entre ellos el supertanquero de la United Carriers.
A bordo de cada uno de ellos, se seguían con preocupación las alternativas del enfrentamiento y las terribles novedades del frente estremecían a sus patrones.
Cuando el capitán Bataliari elaboraba su informe, comenzaron a llegar por radio las primeras noticias de lo que sucedía en Bluff Cove y en ese sentido, todos los buques mercantes fueron puestos en alerta.
En esa labor se encontraba la máxima autoridad del buque cuando cerca de las 13,00 hs, un avión militar no identificado comenzó a sobrevolarlos en círculos. La tripulación puso al tanto de ello al capitán quien, al asomarse para observar, alcanzó a ver al avión alejándose rumbo al horizonte.
Bataliari no dio mayor trascendencia al asunto y siguió redactando su escrito, ignorando que la Inteligencia argentina acababa de detectar su paso y tenía indicios de que sus tanques de almacenamiento transportaban petróleo procesado, destinado a las unidades de la Task Force.
Seis minutos después, aparecieron por el sudoeste otros dos aviones, primero un Hércules C-130H (era el mismo aparato que los había sobrevolado) y luego un Canberra MK-62, volando directamente hacia él.
Nadie lo sabía a bordo, pero el primero era el típico producto del ingenio criollo: un pesado avión de transporte convertido en cazabombardero al que los técnicos argentinos habían provisto de un sistema de tiro SFON, perteneciente a un IA-58 Pucará y lanzadores de bombas subalares, sujetas a pilones extraídos de un Canberra. Una obra maestra de la improvisación, como el disparador Exocet MM-38 tierra-tierra ITB, montado días después en Puerto Argentino para destruir al HMS “Glamorgan”.
Se trataba del avión matrícula TC-68 de la I Brigada Aérea con asiento en El Palomar,

casualmente el primer Hércules que aterrizó en Malvinas (2 de abril) y arrojó por paracaídas los contenedores con suministros sobre Puerto Darwin, el 19 de mayo.
Había despegado de Comodoro Rivadavia alrededor de las 10,00 hs, piloteado por el vicecomodoro Alberto Vianna y tenía como misión atacar al supertanquero.
La tripulación, integrada por los capitanes, Andrés Francisco Valle y Roberto Mario Cerrutti, el suboficial principal Pedro Esteban Razzini, el cabo primero Carlos Alberto Ortiz y los suboficiales auxiliares Carlos Domingo Nazzari y Juan Eduardo Marnoni, voló en el más absoluto silencio de radio y recién a las 13,00 hs, avistó a la embarcación.
Su acondicionamiento como bombardero se llevó a cabo en el más estricto secreto después del 20 de mayo, en una base no especificada de la FAA, pues se trataba de una nueva arma que la Argentina pensaba utilizar para dañar a la Task Force en misiones de largo alcance.
El aparato fue equipado con la mencionada mira SFON y dos afustes subalares MER de tipo múltiple (según algunas fuentes, extraídos de un Canberra, según otras, de un Pucará), para seis y ocho bombas de 250 kilogramos de fabricación nacional, las cuales debía dejar caer sobre el petrolero.
Su primera misión se llevó a cabo una semana después de entrar en los hangares, más precisamente el 29 de mayo, cuando atacó a escasas millas de las Georgias al petrolero británico “British Wye”, mientras navegaba al norte de ese archipiélago, a 47º 54´ S y 30º 19´ O.
El avión hizo una primera pasada a baja altura y quince minutos después se aproximó a 550 km/h, intentando acometer desde los 150 pies de altura, en un ángulo de 45º. Desde esa posición arrojó las ocho bombas que portaba bajo sus alas, a las cuales el suboficial Razzini les había quitado dos vueltas de espoleta para que explotaran antes.

Un Hércules C-130 transformado en cazabombardero ataca al petrolero norteamericano “Hércules”
(Ilustración; capitán VGM Exequiel Martínez”)
Cuatro de ellas cayeron en el mar, sin explotar, tres estallaron a babor, muy cerca del casco y la última rebotó en la cubierta y explotó al caer al agua. Al tiempo que eso sucedía, el pesado carguero ascendió y se perdió entre las nubes con rumbo oeste, dejando a sus espaldas a un enemigo sorprendido y extremadamente preocupado.
Entre esa incursión y la del supertanquero norteamericano, el TC-68 (indicativo “Tigre”) llevó a cabo otras siete misiones, todas de relativa eficacia.
Pasado el mediodía del 8 de junio, mientras en Bahía Agradable se desataba el infierno, el avión detectó al petrolero y efectuó varias vueltas sobre su estructura para alejarse hacia el sudoeste y reaparecer a los seis minutos en corrida de bombardeo.
La tripulación del vicecomodoro Vianna se hallaba concentrada en sus controles cuando lanzó las seis bombas de 250 kilogramos en ángulo de 45º. Inmediatamente después inició maniobras de evasión, retirándose en dirección noroeste.
De acuerdo a la célebre pintura del capitán Exequiel Martínez, dos de ellas quedaron cortas, dos estallaron muy cerca del casco por babor y las restantes cayeron a estribor, levantando gruesas columnas de agua.
Inmediatamente después, en momentos en que el capitán Batagliari ordenaba a sus marinos izar bandera blanca, llegó el Canberra MK-62, matrícula B-105, piloteado por el mayor Jorge Chevalier y el primer teniente Ernesto Lozano, quienes habían despegado de Mar del Plata cerca de las 11,30 hs.

El bombardero se acercó a 870 km/h y arrojó sus tres bombas MK-17 de 500 kilogramos de peso, una de las cuales impactó la cubierta del navío y se alojó en una cuaderna de su interior, sin estallar.
Chevalier efectuó un prolongado viraje al sudoeste y se alejó rumbo al continente en tanto desde el puente de mando, el capitán Batagliari notificaba a la Agencia Marítima Internacional que acababa de sufrir un ataque, que no se habían registrado víctimas a bordo y que navegaba de regreso a Río de Janeiro para efectuar reparaciones, mensaje captado y registrado por el CONATRIM (Comando Naval de Tránsito Marítimo de la Armada Argentina).
Según consignaba el capitán, los aviones eran dos cuatrimotores sin insignias, color verde y amarillo, detalle que llevó a suponer a la opinión pública internacional que la embarcación había sido atacada por la aviación argentina.
Con una bomba sin explotar en sus entrañas y la banda de babor dañada, el “Hércules” revertió la marcha y puso proa a Río de Janeiro, el puerto neutral más cercano, navegando a 15 nudos de velocidad.
Según varias fuentes, la principal de ellas, el informe elaborado por mismo capitán del supertanquero, horas más tarde 14,30, un jet argentino gris y blanco, con la parte inferior color azul (al parecer un Skyhawk A4Q de la Aviación Naval, sin insignias), alcanzó al buque con un cohete aire-superficie ocasionando serios daños en su cubierta.
Tras estos ataques, el petrolero redujo su velocidad y desoyendo la exigencia de la Armada Argentina indicándole navegar hacia la base de Puerto Belgrano, se alejó a toda velocidad en busca de un puerto seguro.
Al día siguiente el Boeing 707 de la Fuerza Aérea Argentina, matrícula TC-91, piloteado por el vicecomodoro Eduardo Fontaine, sobrevoló la embarcación durante su misión de exploración y reconocimiento lejano en el Atlántico meridional, sobresaltando con su paso a la atribulada tripulación. Para entonces, el personal a bordo había efectuado una detenida inspección de los daños y eso les permitió determinar que la extracción de bomba alojada en el tanque nº 2 del buque iba a resultar sumamente difícil y que el barco corría serio peligro.
Dos días después el supertanquero se detenía frente las costas de Río de Janeiro, en medio de un riguroso dispositivo de seguridad que involucró a la Armada, la prefectura y la policía militar de esa nación.
Las autoridades brasileras impidieron su ingreso a puerto porque en esas condiciones representaba un potencial peligro para las instalaciones y el personal de la estación naval. Por esa razón, debió echar anclas fuera de las radas y aguardar allí, custodiado por naves de guerra brasileras hasta que Brasilia, Washington y la empresa propietaria llegasen a una decisión.
El “Hércules” estuvo fondeado varios días frente al litoral carioca, esperando ser sometido a peritajes por parte de las autoridades militares y portuarias, así como por representantes de la United Carriers.
Los expertos navales arribaron a la antigua capital de Brasil dos días después y tras una detenida evaluación, llegaron a la conclusión de que la gigantesca embarcación había sufrido importantes daños en la cubierta y el casco y llevaba una bomba sin detonar en su tanque nº 2, poniendo en alto riesgo al buque, a su carga y al personal. Por su inestabilidad y el modo como había quedado encajado el proyectil, era prácticamente imposible extraerlo y por esa razón se descartó su desactivación.
El hundimiento era inevitable pues el estallido de la bomba podía provocar una catástrofe de magnitud y hasta un desastre ecológico. Los recuerdos del “Antelope” estaban frescos aún y nadie quería correr riesgos.
Después de elevar un informe al alto mando naval brasilero y de notificar las conclusiones a la empresa propietaria, el 20 de julio, el gran petrolero fue remolcado 250 millas mar adentro y unas horas después, la bomba fue detonada en su interior. Antes de eso, le fue extraída la mayor parte del combustible almacenado en sus tanques, tarea en la que intervinieron varios buques petroleros y fue supervisada por un destructor brasilero que previamente procedió a evacuar al personal que aún quedaba a bordo
Como el gigantesco buque carecía de válvulas de hundimiento, se colocaron cargas explosivas cerca de la bomba y una vez a la distancia, se las hizo detonar, provocando su estallido.
Existen fotografías donde se observa el hundimiento del supertanquero. En una de ellas se ve su proa apuntando al cielo, con el nombre “Hércules” pintado de blanco resaltando sobre el fondo negro del casco. A poco más de un mes de finalizada la guerra, la aviación argentina había alcanzado un nuevo objetivo.

Mientras el cisterna se hundía lentamente a 4000 metros de profundidad, su tripulación era conducida a puerto y desde ahí trasladada al aeropuerto internacional de Galeao, donde abordó un avión con destino a Europa, sin tomar contacto con la prensa. Era evidente que ni a los Estados Unidos ni al Reino Unido les convenía ventilar demasiado el asunto.

Por supuesto no faltaron quienes salieron a especular y fabular con el hundimiento del “Hércules”, argumentando que todo fue una artimaña para cobrar un gigantesco seguro; que se había tratado de una maniobra de desinformación o que la misión no existió, reduciéndola a un simple invento de Gran Bretaña con el propósito desacreditar a la Argentina. Sin embargo, muchos años después la propia tripulación del C-130H, encabezada por el brigadier Alberto Vianna, dio a conocer los detalles del ataque cuando la Asociación de Tripulantes de Transportes Aéreos donó a la I Brigada Aérea de El Palomar el magnífico óleo del capitán Exequiel Martínez, donde se reproduce la acción.
El “Hércules” fue el buque de mayor tonelaje y tamaño hundido en una guerra, quince veces mayor que el “Atlantic Conveyor” y cincuenta y cinco más que el “Sheffield”. Fue el único, que no pertenecía a ninguno de los bandos en pugna aunque sí a la nación que apoyaba abiertamente a Gran Bretaña desde el estallido del conflicto, es decir, a uno de sus aliados; fue además, el segundo barco norteamericano hundido en acción de guerra desde 1945.
Tiempo después, la petrolera Amerada Hess, la United Carriers, propietaria del buque y la naviera Intertanko, entablaron una demanda contra la Argentina por daños y reparaciones, exigiendo la suma de u$s 10.000.000 por la nave y u$s 1.900.000 por el combustible no recuperado, solicitud denegada por la Corte Suprema de los EE.UU., al fallar en contra de los demandantes, entre otros motivos, por entender que el supertanquero navegaba subarrendado con bandera ajena a las leyes de ese país.
De todas maneras, a raíz de la demanda entablada contra nuestro país, las siluetas del buque pintada en los fuselajes del Canberra MK-62 matrícula B-105, que se exhibe en la base aérea de Mar del Plata y el Hércules C-130H matrícula TC-68, fueron borradas.
El día más negro de la Flota Británica
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8 de junio de 1982. Por la madrugada, dos aeronaves Canberra del Grupo 4 de Caza atacan el buque tanque Hércules avistado por un Hércules C-130 que cumplía una misión de reconocimiento. El buque tanquero fue alcanzado por dos bombas. La primera provocó un gran agujero en uno de los tanques internos, mientras que la segunda penetró otros dos tanque que no estallaron.
Mientras tanto, con sus posiciones bien establecidas, San Carlos se ha convertido en un punto de aterrizaje para los cazas Harrier de la Royal Navy y la Royal Air Force. No obstante, la operación en la geografía malvinense no esta exenta de complejidades. De esta, los reportes indican la perdida de un Harrier enemigo mientras aterrizaba en puerto San Carlos, mientras que su piloto resulta ileso. El accidente ha provocado que la pista, compuesta por placas de aluminio, presente daños de consideración requiriendo su reparación posterior.
Ya cerca del mediodía, desde los puestos de observación al Sur de Monte Harriet, efectivos del Regimiento de Infantería 4 divisan el desplazamiento hacia Fitz Roy de una formación de buques británicos, compuesta por dos buques de gran porte y tres de menor tamaño.
Operaciones Aéreas Argentinas
Frente Malvinas: Bahía Agradable
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Poco después de las 0800, el Sir Galhad arriba a Bahía Agradable, en el Puerto de Fitz Roy, y fondea a una milla del establecimiento más cercano. Este último buque logístico, junto al Sir Tristram, quedaron expuestos a plena luz del día al despejarse las nubes bajas que predominaban hasta el momento en la zona. La jornada anterior el Sir Tristram había sido observado a 15 kilómetros de Monte Harriet donde se ubican las posiciones argentinas.
A bordo del Sir Galahad se encontraba el 2do Regimiento de Guardias Galeses, quienes estaban siendo desplegados por primera oportunidad desde que arribaran al archipiélago. No obstante, se se determinó que los mismos debían quedarse a la espera de lanchas de desembarco para acortar distancias.
Tarde en la mañana, tras haber recibido información sobre el inicio de un nuevo desembarco británico en Fitz Roy, despegaron desde Río Gallegos ocho A-4 Skyhawk de Grupo Aéreo de Caza 5, con indicativos «Dogo» y «Mastín» y dos escuadrillas compuestas por tres M-5 Dagger cada una del Grupo 6 de Caza armados con bombas BR250 y cañones de 30mm. Estos últimos con llevaban como indicativos «Perro» y «Gato» . El objetivo de la misión es atacar los buques británicos fondeados y dejar nula la zona de desembarco.
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Mientras tanto un Lear Jet (indicativo LIBRA) del escuadrón Fénix fue asignado para guiar a los atacantes hasta las cercanías de los objetivo. Esta aeronave, junto a otras dos más en misiones de apoyo a la Armada Argentina (en el cruce de un F-28 a la Islas Malvinas) y exploración y reconocimiento, cumplieron las últimas misiones del Escuadrón Fénix en la Guerra de Malvinas. En este sentido, las misiones que llevaron a cabo sus tripulaciones, conformadas por militares y civiles, asombraron por su ingenio, vocación, entrega y abnegación, con una coraje y valor difícil de describir. Su participación en la gesta por la recuperación de las Islas Malvinas no debe ser olvidada.
Por último, cuatro Mirage III del Grupo 8 llevaron a cabo una misión de diversión a baja cota a lo largo de la costa norte de la isla Soledad. Una vez que atrajeron la atención de una patrulla de Sea Harriers volvieron rápidamente.
De las aeronaves que despegaron, cinco Daggers fueron los primeros en llegar por el este de la Isla Soledad. En el transcurso de la misión, divisan a una nave británica en el Estrecho de San Carlos. Es la la fragata clase Rothesay HMS Plymouth, la cual es alcanzada por cuatro bombas que no logran estallar pero si la llegan a generar daños de consideración. Abordo del buque se desato un incendió que tardó 90 minutos en ser sofocado; provocando que la Plymouth deba ser retirada del teatro de operaciones hacia un aérea de reparaciones asignada.
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Gracias al señuelo previo de los Mirage y el ataque sobre la fragata Plymouth, en la zona no quedaron patrullas disponibles de Sea Harrier, ni unidades navales para defensa aérea. En consecuencia, el Sir Galahad y el Sir Tristam se hallaban indefenso frente al accionar de la Fuerza Aérea Argentina.
La primera escuadrilla de Skyhawks, gracias a las buenas condiciones climáticas, lograron aproximarse a una altura suficiente y lograron detectar a los dos buques de asalto de la flota auxiliar: el Sir Tristam y Sir Galahad. La sección Dogo se lanzó sobre el Sir Galahad y tres bombas impactaron sobre él provocando un enorme estallido y en consecuencia un incendio incontrolable. Soldados y marineros atrapados en popa comienzaron a saltar el agua mientras que otros inflaban botes y se acomodan en ellos. Dos helicópteros Sea King, que realizaban misiones de transporte de tropas a tierra, se dirigen hacía el Sir Gallahad para proceder al rescate de sobrevivientes. Uno de ellos procede con los que se encuentran en el agua a popa de la nave llevando a cabo dos operaciones de salvamento.

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Al mismo tiempo en que ocurrió el ataque, Sir Tristam fue alcanzado también por una de las bombas lanzadas por dos Skyhawks Escuadrilla «Mastín», comandados por Alf.Gomez y Daniel Gálvez. Las bombas dieron en la línea de flotación produciendo la destrucción del segundo buque.
Al retornar los Skyhawk a su base y dar cuenta del éxito se decide destacar otra formación de Skyhawk del Grupo Aéreo de Caza 5 (tres A-4C y tres A-4B) con el fin de atacar las posiciones terrestres en la cabeza de playa. Esta será la última acción aérea argentina de esta jornada que es llevada a cabo a la 1500 horas. Debido a desperfectos técnicos dos Skyhawks debieron regresar a sus bases en el continente.
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Con la misión de atacar nuevamente, las aeronaves A-4B ingresaron rasante por el sur de la Isla Soledad para evitar ser detectadas. Sin embargo, son recibidos por fuego artillería antiaérea enemiga. Una vez al norte de Bahía Agradable, dos Sea Harriers interceptaron a las aeronaves argentinas. Los dos Harrier lanzan sus misiles Sidewinder para atacar y derriban dos de los cuatro Skyhawks mientras que un tercero se estrella al tratar de eludirlos. Pierden su vida el Ten. Bolzan, Ten. Juan Arrarás y el Alferez Alfredo Vazquez.
Los Skyhawk A-4C remanentes de la 3ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque despegaron de Río Grande con la misión de atacar una posición británica en las isla Broquen donde según lo informado desde la base Calderón se llevan a cabo operaciones con helicópteros. El blanco es atacado con bombas y fuego de cañones sin que se aprecien los daños causados.
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Operaciones Terrestres
Por la tarde, las tropas británicas atacan de manera intensa la artillería de campaña de las posiciones del Regimiento de Infantería 4 en monte Dos Hermanas y Harriet. Por la tarde noche, se desata un cañoneo naval a intervalos sobre las unidades anteriormente mencionadas y contra el Batallón de Infantería de Marina 5 y Regimiento de Infantería 3.
Finalmente entre las 2200 y 2300 hs comienza el ataque británico contra el Regimiento de Infantería 4 (Monte Harriet) y Regimiento de Infantería 7 (Monte Longdon). También se envía helicópteros para efectuar el repliegue del resto de la Ca A/RI 4 que se encuentra emplazada en el norte de la península de Fressinet para reforzar las posiciones en Dos Hermanas.
Fuente: https://www.zona-militar.com/
Comunicados del Estado Mayor Conjunto
Comunicado n° 140: El Estado Mayor Conjunto comunica que habiendo finalizado el primer traslado de personal herido desde el frente de combate, a bordo del Buque Hospital Bahía Paraíso, y analizada la eficiencia de los medios utilizados en la ejecución de la tarea encomendada, surgen las siguientes conclusiones:
1. La indudable aptitud del Buque para la tarea que está realizando.
2. La capacidad, excelente adiestramiento y eficiencia de su dotación y del personal afectado.
3. Lo adecuado de su equipamiento y medios técnicos para la tarea sanitario-hospitalaria.
4. La importancia que su capacidad de atención y transporte de heridos adquiere, aún para aquellos que se encuentran en condiciones críticas, en función de las posibilidades que brinda al paciente de urgencia.
5. La versatilidad y capacidad de rescate y rápido traslado, que le brindan los helicópteros sanitarios que posee.
A lo expuesto se suma el hecho de que han sido incorporados a estas funciones dos Buques Hospitales más, el Almirante Irizar y el Puerto Deseado. Lo señalado tiene como fin llevar a conocimiento de la población, los medios con que se cuenta para la atención de nuestros heridos en combate y responder así a la lógica inquietud de quienes piensan en el cuidado y control sanitario de los hombres que luchan por la Patria en nuestras Malvinas.
Comunicado n° 141: El Estado Mayor Conjunto comunica que en la fecha, 8 de junio de 1982 aviones de la Fuerza Aérea Argentina, atacaron a una fuerza inglesa que intentaba desembarcar en Bahía Agradable, 16 millas náuticas al sudoeste de Puerto Argentino.
Dicha fuerza estaba integrada por Un Buque tipo Fragata y Tres Buques de Desembarco que como consecuencia del ataque sufrieron los siguientes daños:
1. Una Fragata hundida. Estalló al recibir impactos directos de los aviones propios y se hundió rápidamente. Por el tipo de evento es dable que hay numerosas bajas.
2. Dos de los Buques de Desembarco atacados vararon sobre la bahía.